Yo siempre he sido de los de "ande yo caliente y ríase la gente". A veces voy con unas pintas un tanto estrafalarias, pero muy cómodo. Por lo tanto, no me escandaliza ni el casquete-peluca que lleva el de la foto ni el punto tremendo de los puños. Todo vale para combatir el frío. Pero, entonces, ¿por qué ese escote? ¿Para qué las desnudas clavículas, el desprotegido esternón? Y entonces sí. Entonces sí me atrevo a decir que ese pobre modelo (vedle la cara) es un adefesio y va hecho un mamarracho, y que el diseñador de esa cosa es un inútil y un zascandil de pronóstico. Y entonces sí. Entonces sí me atrevo a decir que esa cosa es horrible, que su diseñador es un pretencioso y que todo es vanitas vanitatis. Comparo esa prenda de vestir con mi afeitadora y veo qué es un diseño funcional, ergonómico, pensado con éxito, y qué es un mero parloteo de cacatúa. Miro ese jersey absurdo y aprendo mucho sobre arquitectura.
