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Divagaciones de una bloguera

Publicado el 31 agosto 2012 por Rusta @RustaDevoradora
Divagaciones de una blogueraDe vez en cuando hay que replantearse las cosas, pensar en si aquello que hacemos casi por inercia realmente nos satisface. Llevo cerca de tres años con el blog y sigo disfrutando muchísimo de la lectura y la redacción de reseñas, pero hay cosas relativas a esta afición que en ocasiones me quitan las ganas de seguir por aquí.
¿Por dónde empiezo? Muy bien, por el principio: creé este espacio porque siempre quise tener mi rincón en la red y soñaba con convertirlo en un lugar de referencia. Ahora mismo ese cariz de importancia me parece estúpido, pues por mucho que intente dar lo mejor de mí en las reseñas y mantenga activas las redes sociales, soy una bloguera entre mil y lo que escribo llega a poca gente.
En relación con esto último, en estos momentos lo que menos me gusta de la blogosfera es la triste ironía de que apenas se lee. Tal vez tenemos muchas visitas, pero ¿creéis que quienes solo comentan "Me lo apunto", "Buena reseña" y similares realmente han leído algo? El problema no es de la extensión del texto ni de las cualidades del redactor: si mañana alguien critica a un bloguero en una entrada de 5000 palabras tediosa y con carencias gramaticales, será récord de visitas y comentarios por el puro morbo.
Como bloguera, me frustra la sensación de que triunfa más una reflexión polémica que una reseña que intenta resultar interesante. ¿No se supone que estamos aquí por la lectura? Pero todo funciona así. Sin ir más lejos, el panorama literario: me frustra que las tres reseñas más vistas de mi blog tengan más de un año y medio, y todo porque desde entonces no he hablado de libros especialmente populares y recientes. A veces siento que me esfuerzo en vano en recomendar novelas menos conocidas, porque lo que me piden los lectores es que opine de Cincuenta sombras de Grey.
Cambiando de tercio, creo que he pagado cara mi sinceridad, y me refiero a dos momentos concretos: cuando decidí cobrar por las reseñas que me piden y cuando me posicioné en contra de la autoedición. Soy consciente de que me expongo, de que la gente tiene derecho a expresar su punto de vista de lo que lee en la red; no obstante, aun así considero que merezco un respeto que no siempre he tenido. Para quien no lo sepa, se me ha insultado (se me sigue insultando) mucho por estos temas, tanto en comentarios anónimos y correos como en otros blogs y redes sociales, incluso he perdido seguidores (no me refiero a gente que sube la cifra del contador, sino a personas que me visitaban y comentaban con frecuencia).
¿Qué tiene de malo pedir que se me pague un trabajo? Soy una simple estudiante que malvive de trabajillos y sufre cada vez que tiene que pagar la matrícula (como cualquier universitario), ¡ojalá no me hiciera falta tener que aceptar estos encargos! Además, no voy detrás de nadie para que me pague: quien se pone en contacto conmigo sabe lo que hay. ¿Y qué tiene de malo argumentar por qué no me gusta el concepto de autoedición? Me parece tan respetable como deshacerse en halagos hacia el esfuerzo de estos autores. Si el problema es que ellos se pueden ofender, se supone que si están preparados para vender un libro también lo están para escuchar críticas.
A menudo tengo la impresión de que se me conoce como la bloguera borde que cobra por reseñar y detesta a los autoeditados, una imagen que me produce una gran impotencia porque los encargos de reseñas no son ni un 10% de lo que leo y el asunto de la autoedición solo lo comenté una vez. El blog tiene 475 entradas; ¿por qué se presta tanta atención a hechos puntuales y no a toda la dedicación que hay en las reseñas? Por el morbo. Otra vez.
A todo esto hay que añadir los plagios (no solo en blogs, sino en webs relativamente importantes que me ignoran cuando se lo digo), los mensajes anónimos irrespetuosos, los pidones ("Quiero que reseñes mi libro", "Pásate por mi blog", "Te propongo un intercambio de enlaces") y otros detalles feos que no debería encontrar en una actividad que hago por amor al arte y para disfrutar.
También soy consciente del lado bueno: los lectores que me leen de verdad y tienen en cuenta mis opiniones, lo bien que me lo paso respondiendo correos y comentarios (¡y tuits!), lo entretenido que es leer otros blogs, lo mucho que he aprendido sobre libros y escritura. Aun así, echo de menos que el intercambio que se produce en una reflexión sencillita se dé también cuando se habla de literatura. No me he planteado ni por un segundo dejar el blog, es solo que a veces los granitos malos se hacen una montaña y me cuesta encontrar el sentido a esto.
Pero aquí sigo.
No me gusta nada mostrar esta actitud negativa y quejica, entre otras cosas porque casi siempre se acaba utilizando en mi contra, pero necesitaba explicar lo que me produce malestar y sentirme escuchada por quienes (creo) me pueden comprender. Esta entrada me ha servido de desahogo y a partir de ahora quiero hacer borrón y cuenta nueva: las cosas que no me gustan no van a desaparecer, pero sí puedo cambiar mi forma de tomármelas.

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