Revista Cine

Doctor Strange , ni tan extraño como aparenta ser

Por Cinéfilo Criticón @cinefilocritic

Una película de Marvel donde los protagonistas no sean los Vengadores pierde algo de interés. Aunque después de Vengadores 2 tengo que replantearme tal afirmación, pero luego recuerdo Capitán América 3 y se me pasa. El principal motivo de esa falta de interés es la fórmula sin variación del individuo descubriendo sus poderes para lograr vencer a un villano patético, en parte porque ya uno se encuentra saturado de este tipo de historias que uno puede adivinar fácilmente el desenlace, y por la otra, no ofrece ningún grado de peligro que te cautive. Es entonces de gran merito que otra vez Marvel, ahora con su ‘Doctor Strange’, logra disfrazar tales deficiencias con una película bien lograda, entretenida, con un protagonista interesante, y la exploración del misticismo en el universo cinematográfico que siempre está en constante expansión.

Ahora es el turno de Steven Strange (Benedict Cumberbatch), un neurocirujano reconocido que para variar tiene un ego que rivaliza con cierto personaje innombrable de la política. Como es de esperarse, el destino le destruye sus talentosas manos y ahora está en busca de la cura que le ayude a regresar a ser el gran individuo que era antes. Su desesperación es tanta que lo lleva a una ciudad mítica en medio del Tíbet, donde un grupo de hechiceros tienen una escuela comandada por la versión femenina de Aang (Tilda Swinton). Es esta primera parte donde ocurre lo más interesante porque Benedict se luce con su carisma natural que le permite emanar inteligencia, sin llegar a caer mal, ustedes saben, prácticamente cada personaje que ha interpretado a lo largo de su carrera. Pero esta no es la película para extender sus capacidades histriónicas. El hombre hace su trabajo creando interés en cada línea de diálogo que sale de su boca. Y vaya que si hay mucho diálogo, básicamente es una explicación tras otra de como el negocio de los hechiceros funciona, pero no me quejo, al contrario, hace que la acción que corresponde al resto de la película digamos que sea más entendible y emocionante.

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Después de la serie de escenas de entrenamiento, con todo y prueba forzada en donde se pone al pupilo al borde de la muerte; es cuando se nos da a conocer otra terrible amenaza global de consecuencias inimaginables que se sabe será resuelta al final de la cinta.  El causante de tanta angustia es Voldemort Junior disfrazado de Hannibal Lecter, con futuro de pañal desechable, y desgraciadamente interpretado por el actor Mads Mikkelsen quien se merecía algo mejor. La misión de su existir es destruir tres barreras protectoras, localizadas convenientemente en tres mercados de ingresos de taquilla considerable, para dejar pasar a nuestro universo un Aurelion Sol (Dormammu) que es capaz de causar desgracias y a la vez incapaz de  mantener seriedad con tal nombre. Es en está segunda parte donde se pierde la historia de vida de Dr. Strange y el carisma de Cumberbatch para dar paso a los elementos de fantasía con todo y escenas de acción que son necesarios para despertar  del asiento y proclamar que es una buena película.

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Aquí la novedad son precisamente las escenas de acción con efectos tridimensionales en donde se muestran las capacidades de los hechiceros para manipular su entorno. Hagan de cuenta que están mirando una versión en anabólicos de ‘Inception’ con los edificios doblándose y desafiando las leyes de la realidad. Quiera o no, es demasiado llamativo como para ignorar y brinda un toque distintivo con los  hechiceros brincando de un lado a otro mientras luchan con armas de otras dimensiones. Los efectos visuales son agradables al ojo y brindan espectacularidad a lo que de otra forma vendría siendo más de lo mismo.

El libreto no es nada fuera de este mundo, sigue el templete de todo este tipo de aventuras, pero a diferencia del resto esta vez es el elenco de grandes actores quienes elevan un material plagado de frases y nombres ridículos, en algo digno de prestar atención. Tampoco es la gran película con la que se llevaran un Oscar, porque el  material transcendental es inexistente. Esto es prácticamente otro escalón en el universo Marvel para lo que será una interminable lista de películas, solo que han encontrado un hueco para narrar una historia con diferentes elementos. Y por supuesto que se agradece.

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Pero como se ha vuelto costumbre, Marvel debe de declararse incompetente en no poder crear un villano memorable. Esto ya raya en lo ridículo, más cuando tienes al actorazo de Mads Mikkelsen para interpretar un ser de maldad absoluta que nos haga temblar en el asiento. ¿Ya cuantas películas llevamos así? ¡Vamos! Me van a decir que es inútil la experiencia para crear héroes titulares y no poder enfocarse tan siquiera un poquito en el lado de la villanía. Y mejor ni seguimos con la cosa llamada Dormammu, que sigue la tradición de los seres todos poderosos aderezados con harta cantidad de CGI, para supuestamente hacerlos temibles, y terminan en la larga lista de entes ridículos.

Es así como la saga de Marvel se consolida como el líder en historias del cómic en la gran pantalla. Su fórmula podrá ser restrictiva, pero no se pueden negar que los resultados le favorecen. Le duela a quien le duela tenemos otra película entretenida, familiar, visualmente llamativa y que complace a la mayoría. ¿Qué más se puede pedir? ¿Innovación? ¡No me hagan reír!


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