Tal como ocurre durante los feriados argentinos, el grueso de los participantes del mundo de las finanzas disfrutó de un bello lunes desde el punto de vista climático, pero con un ojo puesto en los negocios que se realizaban en Wall Street, punto bursátil del planeta que aglutina según algunos expertos más del 30% de las operaciones bancarias mundiales, y en consecuencia termina sirviendo de faro para todos los mercados.
Sin embargo, el motor que movió todas las tendencias no estuvo en Nueva York, ni tampoco en Europa: se centró en China y sus datos sobre evolución económica. A menos de tres meses de una elección clave para que Xi Jinping se pueda convertir en emperador de por vida, las cifras de actividad del gigante asiático se están frenando, por lo que a contramano de lo que hace el mundo, en línea con lo que hace Japón, Beijing realizó ayer una baja en la tasa de interés, para ver si puede movilizar un poco más los negocios.
Tras la pandemia del Covid, la inundación de dinero por parte de todos los bancos centrales del mundo y el actual retiro de dinero para apagar el fogonazo inflacionario, las economías van respondiendo de manera desigual. Europa, muy afectada por la guerra en Ucrania y la ola de calor, está orientada hacia un período ciertamente recesivo. China también se está desacelerando. América Latina tiene por el momento un nivel de actividad sostenido. Pero es la de Estados Unidos la economía que muestra hasta el momento más vitalidad, con un índice de inflación de julio que fue muy prometedor: 0% mensual y 8,5% anual (luego de 9,1% en junio).
EL ECONOMISTA
