Revista Libros

Ducentésima sexagésima quinta mañana

Por Malaventura

09:28

Esbozos, matices cambiantes de la imaginación. Nos caen por encima como agua dispersa de una pequeña cascada. Testimonios, sentimientos: garabatos dibujados en el sueño. 

09:30

Páginas destinadas a la oscuridad de un cajón, escritas por y para nadie, porque yo soy nadie. 

09:31

Escribía, sí, escribía en los ratos libres que me dejaba la vida. Escribía para no vivir. Una noche de San Juan situé en el centro del patio de mi casa un viejo brasero tumefacto, pira del sacrificio en la que fui quemando todo lo que había escrito hasta entonces: cuadernos, libretas, dietarios, folios, carpetas, fichas y archivadores. Llamas, humo y ceniza, nada se salvó, nada fue indultado excusa por descuido o negligencia.

DUCENTÉSIMA SEXAGÉSIMA QUINTA MAÑANA

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