Revista Insólito

Edén en Almendres

Publicado el 03 diciembre 2019 por Monpalentina @FFroi
ALMENDRES | Templo de San Millán
Edén en Almendres
Había fallado en mi intento de derrumbe y en el de las setas, pero sabiendo que la "criptonita" más mortal de mi mascota humana son los frutos secos,  un verano de 2009 le propuse visitar un templo románico. Almendres debe su nombre a la gran profusión de almendros del lugar. El pueblo, prácticamente despoblado, ha sufrido un galopante éxodo vecinal que motivó que desde los más de doscientos vecinos que albergara en sus casas blasonadas, en la actualidad esté despoblado y cueste hasta encontrar al vecino que custodia las llaves de su templo románico del siglo XII consagrado actualmente a San Millán aunque anteriormente lo estuviera a San Martín y  antes a San Gervasio.
Casi saliéndose de la Merindad burgalesa de Cuesta-Urría, como olvidado en un rincón, al final de la estrecha carretera tortuosa que aparan las faldas de la Sierra de Tesla, resite en pie, temblorosamente frágil, el templo de San Millán. Me encantaba pasar los veranos en las Merindades y debo reconocer, aunque me cueste, que en eso se portaron bien porque me llevaban a visitarlas con frecuencia aunque ya sabía que no lo hacían por mí sino por su amigo don Bernardino, ese curilla curioso con el que mantuvieron una amistad entrañable y correspondida que les esperaba cada año con el corazón y las puertas del Valle de Mena abiertas.
Resguardada por un atrio se encuentra su singular y magnífica portada, de arquivoltas profusamente labradas. Su ornamentación es muy variada, donde aparecen varios signos zodiacales, santos y temática laberíntica. Sobre la portada, un tejaroz sujeto por canecillos labrados con cabezas de personas y animales
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amparados por su primitiva espadaña que se adosa al muro oeste por el lado sur.
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Su interior, una sencilla construcción de nave única, tipo salón, con muros de sillarejo y cubierta de madera, rematada con ábside cuadrado y abovedado.
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La mampostería rudimentaria de los muros se apoya en la sillería de las esquinas. Un "mírame y no me toques" que aguanta los muros debilitados por el paso del tiempo mientras, en silencio, reclama la llegada de una ayuda para su reparación. Eso si, estos de Patrimonio son muy respetuosos con los de mi especie y conservan perfectamente nuestro rincón de "pipi-can".
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Su portada es espectacular. Posiblemente del taller de Mena-Villadiego, como la de Bercedo: vicios monstruosos, serpientes, grifos rampantes, arpías, animales híbridos fantásticos..., y un encadenado - también como en Bercedo- al pie de una arquivolta, con un San Pedro y un San Pablo centrando la escena de la portalada. Una maravilla del románico burgalés. Anonadado estaba mirando los bajo relieves entre los modillones de la cornisa de la portada y, entre todos ellos, esa representación de Adán y Eva conscientes ya del Bien y del Mal.
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Sus canecillos, de buena talla, sostienen la cubierta de única nave. Por el tipo y grosor del muro, se puede deducir que inicialmente el techo se construyó de madera y, en remodelación posterior del siglo XVIII, se hizo de obra y teja a dos aguas sin engrosar las paredes, lo que con el paso de los años le pasa factura y las fuerzas trabajan ganando terreno al mantenimiento del templo.
¿ La restauración?. Pues parece que por lo que contaban los pocos vecinos del lugar, es un problema de estilo de "uno por otro, la casa sin barrer", pues el clero alega que hay pocos feligreses para que sea rentable repararlo, y los organismos políticos enfocan sus ayudas y subvenciones a otras poblaciones.
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En resumen, un templo precioso digno de ser denunciado por el abandono de su increíble belleza y patrimonio que grita desde el par de números pintados en medio de su arco de ingreso para reclamar su atención, pues no es al cartero a quien le haga falta ese detalle para entregar las cartas que nadie escribe, sino el aldabonazo de las mudas campanas que avisan antes de su derrumbe.
Edén en Almendres
Ganicas de estrangularlos me dieron.
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Edén en Almendres
Mongui ha muerto y me deja desolado. Compañero, aventurero románico y vital desde hace doce años, se marcha al Edén y me deja un profundo vacío. Con el recorrí todo el románico hispano y extranjero. Manuel Gila (Almería)



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