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Educación y cultura no son lo mismo

Publicado el 04 octubre 2014 por Bloggermam

maleducado_malejemploNo son pocos los progenitores que están deseando que llegue la fecha del comienzo del curso escolar para endosar sus retoños a los profesores y poder dedicarle más tiempo a otras tareas ajenas a la paternidad.

En la sociedad que vivimos el tiempo a los hijos está devorado por el que se emplea en otras actividades, sobre todo si tienes un trabajo. Robarte tiempo para dedicar a tus hijos es una forma sencilla de desestabilizar tu relación de pareja y lograr que te separes. La familia es esa cosa que a los empresarios les impide tener en el trabajo las 24 horas a sus esclavos. Las cifras de divorcios entre directivos y otros profesionales comprometidos con su empresa es elevada.

Pero delegar casi totalmente la educación de los hijos en los profesores en un error terrible. No porque no pueden, sino porque no es su trabajo. La misión de los profesores es ayudar al desarrollo intelectual de los niños, acercarles la cultura y mantener los valores que ya deben traer inculcados de su casa.

Muchas veces se confunde la educación y la cultura. Se suelen mostrar como un tándem indivisible. De modo que se piensa que allá dónde va una, va la otra. Pero no es así.

He conocido los dos extremos posibles: personas incultas con una educación exquisita y personas con una cultura elevada adornada con una mala educación irritante. Y entre esos dos extremos conviven todas las combinaciones posibles, en una variada gama de aciertos y despropósitos.

La cultura no es ninguna garantía de educación. Los conocimientos que se acumulen y el desarrollo de capacidades intelectuales no van necesariamente de la mano de otro valores como respeto, honestidad, tolerancia, responsabilidad, sinceridad, humildad (pero sin pasarse para evitar que se use como herramienta de manipulación) o justicia. En definitiva, rasgos que al poseedor de los mismos le permitirán escuchar a los demás, no ensuciar el suelo o el aire con gritos estentóreos, por poner unos pocos ejemplos. En definitiva un civismo que no sólo facilitarán la convivencia con los que le rodean, si no que le posibilitan para saber estar en cualquier lugar y situación.

He podido comprobar del mismo modo que la educación nada tiene que ver con la religión, la procedencia social, o si el individuo es una buena o mala persona. He conocido hijos de la gran puta con una educación exquisita. Así como personas de diferentes credos religiosos que pondrían en fuga una piara de cerdos, incluso ateos insoportables. Ninguna cualidad garantiza la educación.

La educación se huele en el entorno familiar, se afianza en el día a día de un niño que imita los modelos que tiene más cercanos. La mejor forma de que un pequeño adquiera educación no es recitándole normas para que las aprenda de memoria o recriminándole malas conductas, si no siendo los adultos el modelo a imitar. De nada sirve insistir a un niño sobre que haga determinadas cosas si ve que nosotros no cumplimos con nuestros propios preceptos.

No es una tarea sencilla educar a los hijos, la sociedad se empeña en poner todas las trabas posibles y por si fuera poco La educación empieza cuando termina el hambre.

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