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El 99% restante.

Publicado el 15 junio 2026 por Bypils @bypils

El fenómeno empezó en julio, aunque nadie lo llamó fenómeno. Fue una cosa pequeña: un oficinista de Barcelona apagó el móvil y, al volver, ya no quiso odiar a nadie.

Después pasó en Lisboa, en Oslo, en Dakar, en Buenos Aires, en Tokio. Las vacaciones iban llegando de forma escalonada, como una marea discreta. La gente se marchaba a playas, montañas, pueblos con moscas y terrazas con sillas cojas. Decían que iban a recargar las pilas.

Pero las pilas, al cargarse, hicieron algo inesperado.

Absorbieron la oscuridad.

No toda, claro. Las guerras seguían en las pantallas. Los políticos salvajes continuaban enseñando los dientes. Las desgracias de la humanidad seguían presentes, insistentes. Sin embargo, quienes regresaban traían otra mirada.

Era el famoso «cambio de chip» de las vacaciones que, ahora, cobraba sentido.

La gente volvía al lunes queriendo vivir tranquila. No pisar a nadie. No dejarse pisar.

Hubo quien lo consideró una catástrofe. Los de siempre. Los que necesitaban el conflicto para existir. Destinaron presupuestos multimillonarios a encontrar la vacuna que curara el cambio de chip de los que volvían de vacaciones. Pero eran muchos y volvían con aquellas extrañas pilas recargadas de buenas intenciones. Eran demasiados, y con eso no contaban. Ni todo el dinero del mundo pudo con aquella mutación.

Nunca se supo qué fue lo que la provocó.

Pero, un año después, ese famoso 1% que quería dominar a la humanidad vivía escondido en búnkeres.

Temían salir al exterior y encontrarse con el 99% restante.

Gente peligrosa.

Gente que volvía a irse de vacaciones para recargar pilas.

Gente que sonreía.

Gente que empezaba, por fin, a saber vivir en paz.

El 99% restante.

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