Revista Espiritualidad

El "amigo" narcisista. parte ii

Por Maribelium @maribelium


Escribo este post como continuación de uno anterior en el que inicié el tema de "El amigo narcisista”. 
Son muchos quienes expresan desconcertados su sufrimiento, por las dinámicas narcisistas. Por ello es preciso identificarlas, descubrir su sentido y ver posibilidades de autoprotección. Ante la pandemia de narcisismo que sufrimos, seamos más conscientes y también responsables de no dejarnos maltratar por quienes así funcionan. Si alguno que lea este post se ve afectado por el "virus narcisista", espero que le sirva para tomar más consciencia y buscar un camino para superar las heridas que le impiden ser quién realmente es.
Después de escribir la primera parte me han venido a la mente más elementos que nos pueden permitir identificarlos. Señalaría especialmente los aspectos que tienen que ver con cómo nos pueden hacer sentir:
- Sensación de no ser vistos por la otra persona. Nos damos cuenta de que no captan como somos realmente y de que pueden tener una imagen absurda, distorsionada o ajena acerca de nosotros, que nos puede llegar producirnos perplejidad. Hacen con nosotros lo mismo que hacen consigo mismos, generar ficciones. Como no se ven a sí mismos, no ven a los otros.
- Nos provocan desconcierto, ya que no somos de captar cuáles son sus códigos de conducta (hasta que desvelamos la farsa narcisista que explica su inconsistencia). Por ejemplo, no son previsibles, ni hay una coherencia entre lo que dicen-hacen. Si intentamos clarificar, hablando con ellos, las razones de sus acciones podremos sentirnos más confusos, pues la maraña de sus explicaciones no será coherente con sus actitudes y conductas. Podrán pedirnos perdón, darnos la razón, quitar importancia a lo que sea que genera problemas con ellos, etc. Pero volverán a lo mismo una y otra vez, repitiendo las mismas dinámicas manipuladoras y egoístas. 
- Sensación de estafa, si de algún modo nos vinculamos con ellos. Esto sucede porque su bombardeo amoroso o actitudes complacientes pueden hacernos pensar que realmente tienen un interés real por nosotros, hasta que sucede algo que les delata. O bien, nos damos cuenta de la falsedad de su apoyo, si recurrimos a ellos en una situación en la que necesitamos ayuda. Ahí emergerá la sensación de estafa en la supuesta amistad y nos daremos cuenta de que lo que parecía un vínculo real no era más que una estrategia de marketing para mantenernos atentos a ellos. Les gusta que estemos ahí, pero no se van a esforzar por ayudarnos realmente. 
- Mezquindad y falta de generosidad. Se les da bien adular, pero no corresponder a la generosidad de otra persona. Nos daremos cuenta de que prometen, pero que no son capaces de corresponder mínimamente a lo que se les aporta.
- Aunque nos aportan un aparente bienestar, drenan nuestra energía y nos cansan. No nos sentimos bien con ellos, nuestras emociones experimentan sensaciones contradictorias y tendremos sensación de que algo no acaba de encajar (los más hábiles hasta nos pueden llegar a convencer de que esto sucede porque algo falla en nosotros).
- Altibajos en la relación: habrá momentos en los que parecerá que estamos muy bien con ellos, por su dedicación y aparente cariño en la relación. Pero en otros momentos nos sentiremos súbitamente mal, por la retirada brusca de sus atenciones y “cariños” y por las incoherencias entre lo que dicen y hacen. La amistad intermitente que mantienen provocará una cierta adicción en personas más dependientes o en quienes viven momentos más vulnerables. Esto sucede por lo que se llama “refuerzo intermitente” (a veces hay premio y a veces no, lo que nos puede hacer adictos a sus dinámicas). Se puede sentir bienestar en su momento agradable (pues pueden ser muy amables), y después añoraremos a esa persona que, aparentemente, nos produjo bienestar (pero no olvidemos que es un bienestar del “ego”, no que realmente nos aportan algo profundo e interesante).
- Evitan temas que les pueden poner en evidencia o bien llevarles a una dimensión realmente profunda. Prefieren la ligereza o la superficialidad, haciéndonos responsables de nuestra profundidades e inquietudes por llegar a la verdad. Son buenos escapistas de llegar al meollo de cuestiones profundas, especialmente si les concierten a ellos (pues les podemos acabar descubriendo).
- Sufrimiento: relacionándote con alguien que realmente sea narcisista, sufrirás y no entenderás qué está pasando. Una y otra vez intentarás recuperar una relación que en realidad no existe, pues te vendieron una ficción de amistad inexistente o no tan valiosa o importante como has creído previamente.

Quizás alguien ya se esté preguntando en por qué consiguen engañarnos y vendernos la moto. ¿Por qué a veces nos camelan, aunque sea momentáneamente? Creo que por nuestras propias vulnerabilidades, ingenuidades e inconsciencias. Pueden ser, entre otras, las siguientes:
- Baja autoestima: si no vemos quienes somos, ni tomamos consciencia de que nuestra propia valía es independiente del juicio ajeno, seremos más vulnerables a volvernos dependientes del reconocimiento y de las manifestaciones ajenas de afecto. La baja autoestima también puede derivar de una forma exigente de mirarnos, dependiendo, por tanto, de que alguien tenga una manera aparentemente más amable de mirarnos, dado que no sabemos hacerlo por nosotros mismos.
- Inseguridad: Si no vamos fundamentando nuestra consistencia personal (más allá de cómo nos juzgan otros), seremos más dependientes de la opinión ajena, que consideraremos más valiosa que la nuestra. También es importante asumir que una parte de la vida implica inseguridad, pues nos somos dioses, ni somos omniscientes. Si dejamos de delegar nuestra seguridad en lo que otros nos dicen de nosotros iremos liberando nuestra seguridad de la pseudoseguridad que nos quieren transmitir las personas narcisistas aduladoras.
- Ingenuidades e inconsciencias: seremos más vulnerables al tener una visión naif de la vida, en la que creemos que si somos buenos los demás también lo serán con nosotros, o bien, si ignoramos la dimensión del mal y cómo se manifiesta en las personas (incluso en nosotros mismos, por buenos que queramos ser). Si no salimos de la ingenuidad e inconsciencia es más fácil que nos puedan “estafar” afectivamente. 
- Nuestro propio narcisismo: los narcisistas son muy hábiles manipulando nuestra “parcela narcisista”, es decir, la parte de nosotros que depende de la aprobación ajena y que busca ser querida a través de manejos como los suyos. En todo ser humano hay alguna “parcelita” de este tipo, el famoso “ego” del que hablan las tradiciones espirituales. Si tomamos consciencia de esa “parcela narcisista” es más difícil que nos puedan manipular, a través de nuestra necesidad de reconocimiento externo. Ellos saben hacer muy bien de “espejitos mágicos”, para decirnos que somos los más “bellos”. Si conseguimos ir acotando esa parcela y la herida de falta de amor que la sostiene, seremos más capaces de liberarnos de la necesidad de aprobación o de adulación externa para valorarnos. 
- Traumas no resueltos: que nos lleven a depender de personas similares a las que nos dañaron en nuestra infancia (en general suelen ser los padres).
¿Qué podemos hacer para relacionarnos con ellos y “defendernos” de sus manipulaciones?
- Darnos cuenta del problema que tienen y no creernos todo lo que nos dicen, especialmente lo que ponen de manifiesto de manera complaciente, adulándonos o prometiéndonos cualquier cosa. Sus códigos no son los de las personas honestas y sinceras, por más que lo quieran aparentar.
- Una vez conscientes de sus trampas, tomemos la responsabilidad de no dejarnos manipular ni engañar y observemos que nos ocurre internamente, si en algo estamos cediendo. La cuestión es no esperar lo que ellos no nos pueden dar, es fundamental no creernos su “publicidad engañosa” (y cuidado, que algunos tienen muy buen marketing). 
- Las dificultades con personas así pueden ser una buena oportunidad para conocernos mejor, viendo nuestra inconsciencia e ingenuidad, para ir saliendo de ellas, percibiendo qué nos hace vulnerables, detectando nuestro propio narcisismo, etc. Al darnos cuenta de que ellos ponen de manifiesto una parte de nuestras propias sombras, es decir, de “nuestra parcelita narcisista”, que les da espacio para que busquemos su aprobación y reconocimiento, podemos acotarla e irla reduciendo mediante la comprensión de lo que la provoca. Lo que supone atravesar un camino hacia la humildad, viendo en qué punto somos vulnerables a dinámicas narcisistas, por dejarnos llevar por la vanidad de ser admirados o supuestamente queridos por otras personas. Para ello es preciso estar también atentos a nuestras emociones y sentimientos. Escuchemos qué se mueve en nuestro interior en la relación con quienes así se comportan. Por un lado, sentiremos el subidón de los momentos en los que parecen entregados a la causa de relacionarse con nosotros, pero después experimentaremos la sensación de vacío y deprivación tras el chute endorfínico que pueden llegar a provocar con sus adulaciones y pseudoconexiones.
- Tomemos perspectiva y distancia, aunque sea temporalmente. Así podemos tomar consciencia de qué nos está sucediendo en la relación con ellos.

- Cultivemos la asertividad: así podremos ponerles límites y aprender a decir lo que queremos y lo que no, a pararles cuando nos adulan para manipularnos, o cuando adopten actitudes manipuladoras de cualquier tipo.
- Aprendamos a amarnos como somos, con nuestras virtudes y defectos. Cultivemos la conexión con la dimensión de profundidad que nos sostiene, a cultivar valores que nos hacen crecer humanamente y aprendamos a sacar de ahí un amor que nos libera de dependencias ajenas. 
- En el caso de que la relación con alguien así nos esté haciendo pasarlo mal, no queda otra que tomar total distancia y asumir eso que se llama “contacto zero”. Si es alguien de quien no nos podemos librar, por pertenecer a nuestro entorno, pongamos distancia interior, desde el respeto y la comprensión de que ellos son víctimas de sus propias dinámicas, pero sin abrirnos interiormente a que nos puedan dañar nuevamente.
- Si se repiten vinculaciones con personas así es recomendable acudir a una psicoterapia para descubrir qué condiciona entrar en ese tipo de relaciones falsas. A veces puede tratarse de traumas no resueltos.
Nuevamente es preciso señalar que muchas personas pueden tener un narcisismo parcial o “parcela narcisista”, sin ser narcisistas del todo. Por lo que el determinar la dinámica narcisista de alguien ha de ser en relación con una suma de muchos de estos factores y por el sufrimiento y desconcierto que provoca el vincularse con ellos. Si se suman muchos de estos elementos, y de manera continuada, piensa ¿realmente quieres ser amigo/a de alguien que no es tu amigo?
Si eres tú quién se ve reflejado/a en las actitudes narcisistas, aprovecha lo descrito para conocerte mejor y tratar de comprender qué te lleva a falsear tu vida, tu yo y tus relaciones y busca ayuda psicoterapéutica. Mantenerte ahí solamente te dañará y mantendrá en dinámicas que destruirán tu vida y la de quienes te rodean. Entiendo que es muy duro mirar a las heridas tan profundas que te mantienen en la falsedad, pero más doloroso será vivir así, en la adicción compulsiva a gustar, al engaño. Un engaño muy peligroso y destructivo porque concierne especialmente al engaño sobre tu ser y sobre tu propia existencia. Así, la destrucción de tu vida está servida, por mucho que gustes y quieras ser querido por los otros. Lo que está claro que que así, ni querrás, ni serás querido, ni existirás como realmente eres, para nadie. Como en las adicciones más graves hay salida, pero es preciso proponérselo…

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