Y ahora tan solo aguardo
en este intersticio
entre vigilia y sueño
que lleguen los aldeanos
blandiendo antorchas,
blasfemias, ruedas de molino...
Yo, monstruoso, que solo anhelaba
contemplar tu belleza flotando
como aquella delicada flor
sobre el agua cristalina del río.
Revista Libros
Y ahora tan solo aguardo
en este intersticio
entre vigilia y sueño
que lleguen los aldeanos
blandiendo antorchas,
blasfemias, ruedas de molino...
Yo, monstruoso, que solo anhelaba
contemplar tu belleza flotando
como aquella delicada flor
sobre el agua cristalina del río.
