
Todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de escalar un árbol, vivirá su vida entera creyendo que es un inútil –Albert Einstein-. La cuestión de la perspectiva. Todo depende con el ojo con el que se vea. Cuando se está inmiscuido en cualquier tarea demasiado tiempo, se termina absorbido por el entorno que lleva consigo cierta asfixia. Así, alejarse del entorno conlleva la apareción de nuevas expectativas que antes no se veían. En un bosque verde frondoso es difícil distinguir al tigre que se acerca sigiloso. Nuestra cerebro disfruta torturándonos ante la dificultad. Nos hace una escena dramática en cualquier momento y nos hunde en la miseria de la inseguridad. Parece como si fuera su hobbit. El cerebro está vivo y es independiente de nuestra mente. Si se quedan cinco minutos tan sólo al lado de alguien desconocido sin hablarse, es probablemente que terminen abrazándose. La naturaleza humana necesita de relaciones humanas; el cerebro, en cambio, se afana en aislarnos de ellas. Y si en esos cinco minutos deja que su cerebro hable, probablemente, chafará algo grato en ingrato si es posible. El cerebro tiende a primera instancia a desconfiar de todos. Y a sexos distintos...esa será otra historia. Veáse a un cascarrabias, a un vampiro de esos emocionales que te chupan tu positivismo con sus "pegas" a todo lo que se mueve, véase al criticón(a). Veánse... Si tan sólo quieren sonreír sin que nadie le chungue la risa, hagan que su visión tenga ángulo de perspectiva psicológica sobre todo lo que le rodea. Véalo todo con perspectiva aún a riesgo de deformar lo que ve. De todos modos, lo que se ve es relativo, así que no tenga miedo a la relatividad de su perspectiva. Su bienestar interno se lo agradecerá. No lo dude.
