Revista América Latina

El argumento de Locke (4)

Publicado el 01 septiembre 2013 por Tetenoemi @TeteNoemi

Apuntes de lectura basados en análisis de Enrique Dussel.

Del colonialismo

Mandar y ser mandado no sólo son hechos, sino también convenientes, y pronto,
desde su nacimiento, algunos están dirigidos a ser mandados y otros a mandar.

Aristóteles, Política
Desde Heráclito hasta Von Clausewitz o Kissinger, «la guerra es el origen de todo»,
si por todo se entiende el orden y el sistema que el dominador del mundo controla
por el Poder y los ejércitos. Estamos en guerra.

E. Dussel, Filosofía de la liberación.

El argumento de Locke (4)
El filósofo Enrique Dussel demostrará que «el argumento de Locke» consiste en una tautología. Es decir, en una argumentación redundante, encerrada en sí misma.

Decíamos que la visión de Locke se apoyaba en la definición de la naturaleza del esclavo de Aristóteles, en su diferenciación del poder despótico y el político; y que elabora una concepción de guerra justa y guerra injusta, recordándonos a la de Ginés de Sepúlveda.

Sólo que parece ser que lo que en Sepúlveda es explícito, pues «… que con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad, son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos, y las mujeres a los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como las que va de fieras y crueles a gentes clementísimas…», en Locke no lo es, empezando por el hecho de que no explica cómo, dónde, porqué surgen los «irracionales» en un «estado natural» idílico, así como por un casi imperceptible deslizamiento pronominal («yo» y el «nosotros») con la que identificará la racionalidad y legitimidad, obtendrá una connotacion particular.

Y es que el poder no viene de Dios, pero la propiedad privada sí.

La cuestión en este punto reside en su concepto de propiedad.

Párrafo 34 [El argumento de Locke (4)]
Párrafo 45 [El argumento de Locke (4)]

§ 34 § 45

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Locke diferencia entre propiedad privada y propiedad común: la propiedad privada es aquélla que deriva del esfuerzo del propio trabajo, y es la misma ley natural la que le pone límites, pues, tomando el hombre lo que necesita, Dios no creo ninguna cosa para ser echada a perder, y los hombres sólo se pueden apropiar de lo que puedan utilizar… Y así, recurriendo a proposiciones teológicas, agrega que dado que «Dios dió a todos los hombres el mundo», el mar, por ejemplo, es de propiedad común. Y, allende el mar, también pueden existir tierras «no trabajadas», en las que no se realice el cultivo, como en América. Con lo cuál, está indicando, que salvando las propiedades de las clases propietarias inglesas, y de aquéllos estados que considere constituídos, todo el resto sería de propiedad común, por tanto estaría “disponible” (§ 34).

«…al mismo tiempo, lo producido en medio año es más valioso que la herencia allí donde habiendo más tierras que las que poseen y hacen uso sus habitantes, libre es cualquiera de hacer uso de lo desaprovechado.» (§ 184)

Es así que es el juicio particular de Locke, su perspectiva occidental y burguesa, el que determina cuál sería el “buen uso” de la tierra; esto sumado al criterio acerca de que existen gentes que no se han sumado al resto de la humanidad… por no usar el dinero.(§ 45)

Resumiendo en términos de Düssel, el silogismo de esta lógica totalitaria del “estado de guerra” (pues entre estados impera ese estado permanente, no volviéndose al de naturaleza):

  1. En el estado de naturaleza todos son iguales y libres.
  2. Si alguien deja de cumplir la ley natural, se transforma en un “fuera de la ley”, en el “enemigo”, que puede ser muerto como las fieras salvajes, por ser peligroso para la comunidad. No se le atribuye ya igualdad y libertad. Se actúa, entonces, en el horizonte del estado de guerra.
  3. El juez con autoridad sólo existe en el estado civil o político. En la relación entre los Estados, y más con respecto al mundo colonial objeto de conquista, no hay autoridad suprema (porque no hay un Estado mundial). Nos encontramos igualmente en un estado de guerra.
  4. Cuando un Estado cualquiera juzga que otro lo ha agredido, o lo haya tratado con injusticia, o simplemente lo odia, juzga a dicho Estado o nación como el agresor y, por ello, lo define como el enemigo fuera de la ley y del derecho, contra el que puede declararse una guerra justa. Sólo Dios puede juzgar la falsedad de este juicio práctico.
  5. El vencedor (evidentemente, el más fuerte, el mejor armado) puede entonces esclavizar al vencido, constituirlo como esclavo o como colonia conquistada, porque estando fuera de la ley y del derecho, se tiene sobre él poder despótico, como poder justo y legítimo. Además, los bienes de los vencidos resarcen las pérdidas de la guerra justa.

En él se puede observar una inversión de los términos de la realidad, ya que la conquista de los pueblos de América y Africa no han ofendido en vistas de ser agredidos y colonizados, sino de la usurpación de sus riquezas. Y es una pura tautología ética y política, pues al encontrarse en un inevitable estado de guerra, cualquier vencedor es el juez “que tiene a Dios (el suyo) de su lado”, o podría decir, el que tiene el poder de las armas.
Al decir de Dussel, «Se trata de una tautología autoreferente radical, sin ningún criterio objetivo o referencia de empírica exterioridad universal».

photo of Teresa
Teresa N Alvarez Grupos de Estudio Bs. As., 1093 Argentina

——–

Fuentes bibliográficas:

John Locke, Essay Two: Concerning the True Original Extent and End of Civil Government, en Two Treatises of Government (Dos tratados sobre el gobierno civil.- Tratado II)
Enrique Dussel, “Estado de guerra, democracia aparente y razón crítica” en Realidad, Rev. de Ciencias Sociales y Humanidades, Nº 87, mayo-junio 2002, San Salvador, UCA Editores.
Tomás Varnagy : Cap. II. El pensamiento político de John Locke y el surgimiento del liberalismo. en: La filosofía política moderna. De Hobbes a Marx, Atilio Boron, CLACSO, Bs As.
Franz J. Hinkelammert, “La inversion de los derechos humanos: el caso de John Locke”, Revista Pasos Nro: 85, Segunde ëpoca 1999: Setiembre – Octubre


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