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El artista infame. Segunda parte

Publicado el 06 mayo 2013 por Angeles

Necesitamos un  nombre para  nuestro  sospechoso y desacreditado artista, pero lo cierto es que no tenemos que inventarlo. No,  porque como ya habrán supuesto ustedes,  este personaje existió realmente.
Se llamaba Thomas Griffiths Wainewright, nació en Londres en 1794 y aunque fue en verdad pintor, retratista y escritor, la posteridad lo conoce como Wainewright el envenenador.
El misterio que rodea a Wainewright es notable, no solo por los delitos que se le atribuyen, sino porque muchos datos de su biografía son desconocidos, contradictorios o confusos, como la fecha de su muerte, que según unas fuentes es 1847,  según otras, 1852.Lo que sí parece cierto es que las aseguradoras se negaron a pagarle los seguros contratados por su cuñada Helen, al sospechar que había sido asesinada por él.La justicia no encontró pruebas sólidas de asesinato, aunque sí de fraude, por la enrevesada forma y circunstancia en que se suscribieron los seguros.
Pero Wainewright, tras la muerte de Helen, había huido a Francia -con lo que estaba fuera del alcance de la justicia británica-  permaneciendo allí durante varios años. Mientras tanto, se iban extendiendo los rumores sobre sus crímenes y el descrédito de su persona.
Por cierto, Oscar Wilde, en su ensayo Pluma, lápiz y veneno: estudio en verde (Pen, Pencil and Poison, a Study in Green, 1889), señala que en Francia Wainewright cometió otro asesinato, envenenando a un amigo al  que también habría convencido previamente para que se hiciera un seguro de vida…
Mientras se encontraba en Francia,  el Banco de Inglaterra descubrió aquel primer fraude cometido por Wainewright años atrás, cuando falsificó firmas y documentos legales para cobrar la herencia de su padre. Se ordenó por ello su detención, aunque mientras permaneciera fuera del país estaría a salvo...Sin embargo, sorprendentemente y con temeraria osadía, Wainewright volvió a Londres, y aunque vivía oculto y sin salir de la vivienda que ocupaba, se cuenta que fue casualmente descubierto por un policía que lo vio una noche asomado a la ventana.
Fue entonces detenido por el fraude al Banco de Inglaterra y encarcelado en espera del juicio.
Como hecho curioso, cabe referir aquí que un día un escritor que visitaba la prisión vio a Wainewright y lo reconoció, e inspirado por su figura escribió un lúgubre relato, cargado de emoción y tristeza.Este relato es Atrapado (Hunted Down, 1859) y su autor,  Charles Dickens.
Por fin Wainewright fue juzgado y declarado culpable. Y como entonces la falsificación de documentos legales era delito capital, la sentencia fue severa: deportación a Hobart Town, Tasmania, de por vida.

El artista infame. Segunda parte

Hobart Town, Tasmania

Durante su exilio Thomas G. Wainewright, el hombre de letras, el elegante artista, hubo de realizar trabajos forzados  y sufrió las duras condiciones de vida de los convictos. Fue así debilitándose y enfermando, aunque encontró en la pintura alivio y consuelo para su penosa situación. Realizó numerosos retratos, incluyendo el suyo propio, revelando nuevamente aquel espíritu artístico y aquel talento que en su juventud  le valió el reconocimiento de los grandes. Wainewright, tal vez  asesino, sin duda estafador, murió en el hospital de prisioneros de Tasmania al cabo de unos ocho años  y cuando se le acababa de conceder la libertad condicional que había anhelado. Como ya se ha dicho,nunca se demostró de manera fehaciente que cometiera los asesinatos que se le atribuyen, por lo que hoy día algunos consideran injusta e injustificada su funesta reputación de “asesino en serie”, de envenenador despiadado.
Sin embargo, parece que sus contemporáneos, incluidos los que lo habían admirado,  no tenían dudas. Su reputación quedó destruida desde el principio y sus méritos artísticos fueron desdeñados y puestos en duda.Sus obras y sus preciadas posesiones se vendieron, se dispersaron, se destruyeron... Casi todos sus escritos, sus documentos, su correspondencia e incluso el diario que al parecer escribía, y al que se refiere Oscar Wilde en su ensayo, se perdieron. Me pregunto cuánto habrá de cierto y cuánto de leyenda en la información que de Wainewright tenemos, pero sin duda esta información está llena de vacíos, valga la expresión, de suposiciones, de datos confusos.Quién sabe qué secretos contendrían esos documentos suyos perdidos para siempre; qué verdades revelarían y cuántas dudas resolverían.Quién sabe qué nos dirían de esta genuina figura romántica en la que se mezclan la luz y la tiniebla,  la criatura sensible y el  monstruo, y que a mí más me parece un personaje de ficción gótica que un hombre real.
Quizá por eso me inspira más compasión que rechazo.
 

El artista infame. Segunda parte

Autorretrato con la inscripción
"Cabeza de convicto, con rasgos de maldad y venganza.”


 

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