Revista África

El Belén de los cabizbajos

Por En Clave De África

(AE)
Me dicen que este año en algunas ciudades de España, parece que fuera menos Navidad que otros años, ya que las restricciones resultantes de la crisis económica han hecho que más de un El Belén de los cabizbajosayuntamiento se lo piense dos veces si quiere poner luces de Navidad o no. Después de algunos años donde se vivía a tope, ahora hay que conformarse con la mitad de luces o con una cesta de Navidad sin ibérico.

En ese sentido, en África seguimos con pocas novedades. Las luces siguen siendo las mismas (aquí no hay ayuntamiento ni político que las ponga, sólo los centros comerciales y las tiendas particulares se las pueden permitir), y el a veces sobrehumano esfuerzo por conseguir “un extra” que traer a la mesa o a la celebración de Navidad, sea un vestido nuevo o sea un kilo de carne sigue estando ahí.

Este año, sin embargo, este esfuerzo riza el rizo de la dificultad porque, en un país que ha pasado del 5 al 30 % de inflación en lo que llevamos de año, la gente es hoy por tanto mucho más pobre que hace un año, incluso si sus salarios se han incrementado algo en comparación al año pasado.

Siendo conscientes de que la situación no da más de sí y que hay que poner un límite, los “fastos” de Navidad también se reducen a lo mínimo. En la emisora que dirijo, este año hemos la “cena” de Navidad se ha reducido a un refresco y un pedazo de tarta. No estaba la cosa para más. En muchas casas la mera presencia de carne o de pescado en el menú puede ser ya un factor que rompa un poco la monotonía de semanas a base de arroz, alubias o polenta.

En este año, me ha llamado poderosamente la atención un colectivo que, al estar casi íntegramente compuesto de niños, simbolizan para mí el destino de aquellos que, como aquella pareja de jóvenes buscando posada en Belén, viven en su propia carne el abandono, la indiferencia e incluso el desdén de aquellos que podrían ayudarlos pero prefieren quedarse en el calor de su comodidad.

En esta región del África Oriental existe desde hace algunas decenas de años una rara enfermedad que poco a poco está afectando a un mayor número de niños y jóvenes. Aquí la llaman “nodding disease”, es decir, la enfermedad de los cabizbajos porque uno de los síntomas más característicos de la misma es que la cabeza comienza a inclinarse hacia adelante, como si no tuviera fuerza, y los afectados entran en un estado de somnolencia y pesadez. Desde que se descubrieron los primeros casos en los años 60 en Tanzania, posteriormente se han identificado más en el Sur de Sudán y en el Norte de Uganda, donde parece haberse extendido de manera preocupante.

Hasta el momento, no hay un tratamiento adecuado también porque se conoce muy poco de la enfermedad y estos gobiernos – entre corrupción y desidia institucional - apenas tienen presupuesto para investigación ni pueden hacer frente a un problema que se complica cada vez más. La solución, como pasa en muchos otros casos, dependerá de que un gobierno, o una oenegé potente pueda dedicar algo de sus fondos a descubrir el origen y el necesario tratamiento.

Los niños afectados por esta enfermedad comienzan también a tener convulsiones parecidas a las epilépticas. Algunas familias llegan a atar a los niños para que cuando tengan un ataque y pierdan el control no terminen en el medio del fuego o del agua. Con frecuencia, estas convulsiones comienzan cuando los niños están comiendo, por lo cual es muy normal que estén desnutridos. Después de algunos años sufriendo la enfermedad, el cuerpo y la mente se degeneran de manera irreversible. Solamente en Uganda, se cuentan ahora mismo más de 2000 casos de niños afectados entre los 5 y los 15 años.

Hace pocos días, los parlamentarios de esta parte de Uganda comenzaron a movilizar a las familias para montar a un gran grupo de niños afectados en un autobús y llevarlos a Kampala para que hicieran su sentada frente al parlamento, por lo menos para que los vean y se acuerden de ellos los que en teoría podrían hacer algo para mejorar su vida.

Hoy, en la víspera de Navidad, me acuerdo de ellos porque representan para mí esa infancia necesitada y callada. Todos nos enternecemos ante el destino de un niño envuelto en pañales y puesto en un pesebre, ante una mujer a punto de parir que busca refugio, ante un inocente niño perseguido por un rey corrupto y lleno de ambición... y la esencia de Navidad es descubrir que ese pesebre sigue siendo ocupado por muchos otros niños, que los Herodes de turno siguen haciendo estragos con tal de mantenerse en el poder, que los olvidados siguen siendo olvidados (y por eso se les aparecen los ángeles... )

Es por esto que creemos que el misterio de la Navidad está mucho más cercano de lo que se cree. Quizás no sea otra cosa que extender la mano a alguien que lo necesite y hacer posible que este mundo sea un poquito mejor. Yo con eso me conformaría, y cuando pienso en ello tengo en mi mente a todos estos niños... para mí el Belén de esta Navidad está lleno de niños, pastores y ángeles cabizbajos.


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