Arrodillado ante las puertas de una ermita que no existe,custodiando la sepultura de una dama que jamás me dirigió la palabra.
Enamorado,
de un tacto irreal, de duermevela.
Elevo una plegaria monstruosa a un firmamento azul de otros tiempos,
en los que mi nombre adquiría la consistencia del acero.
Crece el musgo sobre mis huesos,
abrazo en sueños tierra húmeda, beso unos labios que se transforman en gusanos,
hago el amor con el limo imaginando que...
Despierto.
Trato de conservar partículas diminutas de vacío adheridas a mi coraza de hueso.
Una bandera negra ondea clavada en el centro exacto de mi corazón.
Terreno conquistado, eternidad, tuya es la victoria.
Bendecido por la hierba y el moho,
piedra, hueso y acero.
Ante ti me presento, mi amor inmortal, mi dama blanca.
No me moveré de aquí.
No puedo.Álex Portero
