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El callejón de las almas perdidas

Publicado el 13 junio 2012 por Sidhe @leanansid
El callejón de las almas perdidas
Stanton Carlisle es un joven ambicioso y despierto que vive  junto a sus compañeros de circo trabajando de compinche de Zeena, una vidente (tarotista y choriza también) que siempre entusiasma a su público con sus predicciones y sus trucos. Esta vive con el que fue una gran estrella dentro de este tipo de números y que se encuentra sumido en una gran depresión de la que solo encuentra cierto alivio entre copas y botellas. Pero a Stanton un borracho acabado no le quita el sueño, lo que realmente le preocupa es como alcanzar la fama y el reconocimiento (algo que nunca tuvo debido a su infancia entre orfelinatos y curas).
Por avatares de la vida, Zeena le revela un código secreto (esencial para poder hacer los trucos y maniobrar con naturalidad durante los espectáculos) y gracias a él, logrará tener un renombre aunque el precio que pagará por alcanzar el éxito será demasiado alto.
Enfundado en un inolvidable frac y con el truco del código tiene como colaboradora a Molly, su esposa y antigua compañera del circo (atención a su número como mujer eléctrica, clásico donde los haya)  por lo que decide abandonar el gremio de los feriantes (os recordarán a los de Carnivàle) y centrarse en una carrera en solitario.
Stanton resulta tan carismático como solemne en su forma de orar,  por lo que poco tarda en labrarse un nombre entre las altas esferas de Chicago (que lo tildan del nuevo fénomeno del momento) y acaricia las ansiadas mieles del éxito como espiritista y mentalista.
El callejón de las almas perdidas
En uno de sus espectáculos llama la atención de Lillith Ritter, una psicóloga (de pega) con clientes influyentes con la que trabará una intensa y confusa amistad  y juntos trazarán un plan con terribles consecuencias.
Dirigida en 1947 por Edmond Goulding, El callejón de las almas perdidas es una atípica obra dentro del celuloide que se sitúa entre el cine noir y el drama, todo ello enmarcado en el universo circense. Basada en la inquietante novela de William Lindsay Gresham (ese escritor que fue deambulando por la fe, la pseudociencia y cualquier bizarrez que se le ocurriera hasta que decidió poner punto y final a su tormentosa vida a principios de los sesenta) la película llama desde el principio la atención por ese aire fatalista y trágico del personaje protagonista (del cual es fácil intuir el desenlace) y por todo el elenco de féminas que le rodean (atraídas por su magnetismo, su ambición y su físico) que intentan, dentro de sus posibilidades aleccionarle y prevenirle de sí mismo.
El callejón de las almas perdidas
Si hablamos de aspectos más técnicos, no podemos pasar por alto los hipnóticos encuadres que encajan a la perfección en  esta  historia tan amarga en la que Tyrone Power interpretó uno de sus mejores papeles y en la que todos los lugares que pisa el protagonista acaban siendo un personaje más (desde el mugriento camión en el que charla con Zeena al rutilante escenario en el que alcanza la fama al oscuro Stanton, al embarcadero donde tiene un encuentro con Lillith...Aunque el broche de oro es el propio circo/feria por razones evidentes).
Convertir lo imposible en real, aprovechar el poder de la sugestión y las debilidades ajenas, la absoluta pérdida de cordura siendo absorvido por desproporcionados delirios de grandeza, la ausencia de moral y de escrúpulos....Para finalmente cerrar el círculo tal y como empezó nuestro inusual personaje principal.
El callejón de las almas perdidas
¿Encuentran pues redención aquellos que se creen Dioses y acaban atrapados por sus propios temores? La respuesta la encontraréis en El callejón de las almas perdidas.

Nos despedimos con ocho wasabis supersticiosos.
El callejón de las almas perdidas

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