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El cansancio

Por Siempreenmedio @Siempreblog
El cansancio El cansancio

Publicar en Nature es como llegar a la NBA, que te den la tercera estrella Michelin, ganar el Oscar al Mejor Guión Original o que ninguno de los pistachos de la bolsa esté cerrado (bueno, esto último no, porque esto último solo es cuestión de suerte). Publicar en Nature es algo definitivamente al alcance de muy pocos, de muy buenos, de muy trabajadores, de muy inteligentes, de muy innovadores.

Daniele Tauriello es un joven holandés que ha dedicado los últimos seis años de su vida a parir un artículo en . No él solo, que un artículo así no se publica solo ni lo publica uno solo. Daniele y su jefe, Eduard Batlle, del Institut de Recerca Biomèdica de Barcelona, firman el artículo junto con otras dieciséis personas de cuatro instituciones distintas. Muchas cabezas pensantes, muchas manos currantes, muchas horas al día, muchos días al año, muchos euros después este equipo ha conseguido curar a ratones afectados de cáncer de colon metastático estimulando con dos fármacos el propio sistema inmunológico del ratón. Hay que recordar que el cáncer de colon es el tumor maligno de mayor incidencia en España (más de 40000 nuevos casos al año) y que cuando ha metastatizado a hígado o pulmón 9 de cada 10 pacientes fallecen en los cinco años posteriores al diagnóstico.

Mientras Daniele nos presentaba su trabajo el otro día en el laboratorio fui incapaz de evitar la envidia. Por todo lo que ha conseguido, por lo impresionante de sus resultados, por lo importante del descubrimiento, por la enorme esperanza que siembra. Pero tampoco se me escapó un detalle. Daniele, detrás de su profesionalidad e inteligencia, destilaba cansancio. Es lógico. Publicar en Nature cansa. Lograr cumplir los requisitos de la revista cansa. Generar una ciencia digna de esa revista cansa. Pensar, diseñar y ejecutar los experimentos cansa. Repetirlos para estar seguro cansa aún más. Solo (por favor, añadan comillas a este solo, todas las que quieran, sin miedo) generar el modelo de ratón que permitió formular las preguntas y generar las respuestas ocupó la mayor parte de los seis años que Daniele lleva en el laboratorio de Eduard Batlle. Además, Daniele se aprovechó de todo el conocimiento generado en el laboratorio en los catorce años que lleva su jefe en el IRB. Por supuesto, todo esto es muy caro. La ciencia es cara. La buena ciencia es muy cara. La ciencia excelente no tiene precio.

Claro que cansa. Y ese cansancio puede degenerar en abandono cuando te enfrentas a "los otros". No me refiero a esos gilipollas (no pienso gastar tiempo en eufemismos) que pasean sus conferencias vendiendo un cáncer que se cura solo si tomas conciencia, o eres optimista o te concentras fuerte (pregúntenle a Daniele si curó a sus ratones con fármacos o con chistes). Esos también cansan. Pero los hay peores. Los que piensan que recortar la financiación en ciencia es posible, incluso necesario. Que no pasa nada si durante cinco, diez, quince años nos apretamos el cinturón, nos cruzamos de brazos, trabajamos a medio gas o finalizamos proyectos y esperamos a que pase el temporal. Que en ciencia se puede frenar y empezar de nuevo en el mismo punto, que se puede ahorrar, que es todo corta y pega y ya está. Que si un laboratorio se despuebla de personal, de ideas, de proyectos y de equipamientos luego se puede volver a comenzar. Esos gilipollas (he dicho que no gastaré en eufemismos) son los más peligrosos. Esos son los que cogen tu cansancio y lo convierten en abandono. Los que acaban con la esperanza, con congoja fingida, mientras hacen su cálculo electoral.

Yo estoy cansado, derrengado a veces. Pero estoy aún más indignado y, aunque nunca publicaré en Nature, habrá que aguantar.


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