El caso es que, tras el derribo, llegó la hora de ampliar la ciudad. Y si uno sigue la lógica del nacionalismo imperante, lo lógico es pensar que este proceso se desarrolló de nuevo bajo el enfoque de España contra Cataluña: una ciudad que buscaba crecer frente a los bárbaros mesetarios que solo querían lo peor para ella. Y, sin embargo, todo fue curiosamente al revés: Cerdá y su versión moderna de la ciudad triunfó por el apoyo de Madrid. De hecho, fue el centralisme madrilenyu el que consiguió, ante la cerrazón de las élites locales barcelonesas, que el Plan Cerdá fuera el modelo de ampliación de la ciudad.
Uno no se imagina Barcelona hoy sin el Eixample, empujado por el gobierno de la nación para desarrollar la ciudad.
Ya lo decía Jon Juaristi en aquel magnífico Spoon River: nuestros padres mintieron, eso es todo...