Revista Historia

El Charrán ártico, 22.000 km en busca del sol eterno

Por Ireneu @ireneuc

Las migraciones de los animales son un espectáculo natural que muy frecuentemente podemos ver en nuestras pantallas debido al especial atractivo que produce a nuestros profanos y urbanitas ojos. Todo tipo de animales, desde ñus a palomas o de golondrinas a tortugas nos ofrecen una exhibición de esfuerzo y constancia que les hace desplazarse miles de kilómetros en busca de mejores terrenos donde criar o alimentarse. No obstante, entre todos los animales que se dedican a viajar por el planeta periódicamente, hay uno que es, con diferencia, el rey: el charrán ártico.

El charrán ártico ( Sterna paradisaea) es un pájaro mediano de la familia de las gaviotas que, con sus 100 gm de peso, 35 cm de largo y 80 cm de punta a punta de las alas, ostenta el récord mundial de migración anual más larga por encima de cualquier otro animal ( ver El mito no tan mito del suicidio masivo de los lemmings ) sobre la superficie de la Tierra. Y, la verdad, que no es para menos, ya que para esta pequeña bola de plumas el planeta se le queda pequeño.

Nuestro pequeño héroe, como bien dice su nombre, acostumbra a vivir en las orillas del Océano Glacial Ártico, por lo que se puede encontrar en las costas boreales de Siberia, Canadá, Groenlandia o Escandinavia ( ver El curioso efecto de las aguas muertas ). Sin embargo, en cuanto se acaba el verano, coge la familia, el hatillo y se va a buscar tierras más benignas para él. En el caso del charrán, esto significa irse a las costas de... la Antártida.

Efectivamente, el charrán cuando acaba el verano boreal y ha terminado la temporada de reproducción en el gran norte, se va en busca del verano austral, donde tiene sus territorios de invernada, haciendo la friolera de más de 22.000 km en un viaje que le lleva unos dos meses. Lo más asombroso del caso es que, en cuanto acaba el verano austral, el charrán vuelve a su terruño de origen en las tierras árticas, lo que comporta hacer una vuelta completa a la Tierra cada año. Y es que, parece que le guste tanto el sol, que va constantemente buscando aquellos sitios donde no se llega a poner nunca el astro rey.

Justamente por el hecho de vivir en las zonas circunárticas el camino que tome para ir hacia la Antártida le es un poco igual, si bien al ser un ave marina, utiliza el Atlántico y el Pacífico para dirigirse a sus "pastos" de invierno. Ello implica que una gran parte del trayecto los pase sobre mar abierto, por lo que su migración es una auténtica proeza biológica, y más si tenemos en cuenta la extrema precocidad de los polluelos de estas aves para comenzar a volar y emigrar.

En 1928, un pequeño charrán anillado en las costas de Labrador (Canadá) el 23 de julio, fue encontrado en las costas de Natal (Sudáfrica) poco más de 3 meses después. Pero no es el único ejemplo; un charrán anillado en las islas Farne (al sur de Escocia) durante el verano de 1982 cuando todavía no había emplumado, se encontró en Melbourne (Australia) en octubre de ese mismo año. Tanta distancia recorrida anualmente hace que durante su larga vida (puede vivir hasta 34 años), este animalejo pueda recorrer perfectamente la distancia Tierra-Luna de ida y de vuelta, o lo que es lo mismo, casi 800.000 km. Ahí es nada.

Sea como sea, el pobre bicho no hace los 22.000 km de una tacada, sino que después de una serie de jornadas por mar abierto, aprovecha las ricas aguas costeras del trópico para hacer un pequeño receso. Así las cosas, se han encontrado charranes en la costa del delta del Níger en África, donde se alimentan a base de pequeños peces y recargan las pilas para poder acabar el viaje, el cual, para más inri, no hacen en linea recta norte-sur. Ello es debido a que aprovechan las zonas de mejores vientos para hacer el gasto mínimo de energía y aprovechar, de paso, la riqueza biológica de las aguas por donde pasan. Auténtica ingeniería viajera.

En definitiva, la vida del charrán ártico es un auténtico ejemplo de constancia y determinación ( ver La inaudita proeza de Shackleton ), en la cual, por buscar su mejor opción en la vida, no duda en recorrer el mundo entero para alcanzarlo. Un ejemplo a tener en cuenta la próxima vez que se queje porque tiene que desplazarse 20 minutos a su lugar de trabajo.


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