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El chino, de H. Mankell: cuatro notas

Publicado el 21 mayo 2011 por Mora Fandos @Morafandos
El chino, de H. Mankell: cuatro notas
I. Le hice caso a un comentador anónimo de mi entrada "Serie Inspector Wallander, de H. Mankell: cuatro notas", y me aventuré con una novela de Mankell sin Wallander como protagonista: El chino. Se sigue percibiendo la negrura del género, y los tonos habituales del autor sueco. 
II. Asombra, una vez más, la cantidad de datos que maneja Mankell, y el grado de verosimilitud que consigue. Pero también aparecen algunas coyunturas forzadas para que la novela consiga atar tantos cabos. El best- seller tiene estas cosas: detallismo en los datos comprobables, para ganar el asentimiento del lector a esta zambullida en el mundo que se le está proponiendo; y una trama que, cuanto más compleja es, más ha de apoyarse en coincidencias, casualidades. En este caso, tanto una dimensión como la otra son crecen en magnitud -incluso más que en lo que había leído de la serie Wallander, aunque me ha recordado a La leona blanca y Cortafuegos-, por lo que queda la cosa equilibrada. 
III. Pero es un equilibrio muy barroco. Publicada originalmente en 2007, me parece que es lo último que se le ha traducido a castellano en novela negra -puedo estar equivocado, pero desde luego, ya llevaba muchas novelas previas-. Entonces es normal que ocurra lo que les ocurre a los buenos narradores: que el oficio se va robusteciendo y van apareciendo complejidades mayores. Pero el género novela negra es un género, y no puede dejar de emplear esas coyunturas forzadas, que impiden pasar a literatura-literatura. Pero Mankell quería hacer lo que hizo, y lo hizo bien. Siempre tirando del género, cualitativamente, hacia arriba. 
IV.El libro está cargado de reflexión social y política en el marco de la globalización: los movimientos europeos antisistema de los 60's y 70's, la nostalgia y el recuerdo de suecos que fueron Maoístas y acabaron adaptándose y trabajando en el sistema judicial y universitario, la descolonización africana y la corrupción posterior -con sus personajes, sus luces y sus sombras-, un pasado de esclavos chinos construyendo la línea del ferrocarril norteamericano de costa a costa, en el siglo XIX, el sistema judicial sueco, la revolución cultural de Mao Ze Dong y las tensiones actuales...  y desde luego, el indispensable psicópata . En algunos momentos se me ha vuelto un poco pesada, creo que sobre todo por la densidad.
Para mí, Mankell, siempre tan atento al mal en el hombre, en esta compleja -en el buen sentido- novela de grandes aspiraciones, amplifica y globaliza las tinieblas, hasta inquietar de verdad. La venganza está en todas partes: ¡Sálvese quien pueda!

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