Revista Insólito
En los veranos de antes, cuando el Pisuerga llevaba más vida que una romería y los arroyos tenían vida, había una costumbre que nadie perdonaba: ir a por cangrejos. Y entre todos los aficionados de la zona, la que más fama tenía era la Tía Milagros de Vado, una mujer que aseguraba que con ella “los cangrejos salían solos del agua, como si fueran a misa”.Milagros presumía de tener un “truco
