En un mundo que está reorganizándose, golpeado por la pandemia y la guerra en Ucrania, sería bueno que Alberto Fernández salga de su laberinto por arriba y abandone los jugueteos políticos trasnochados
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Alberto Fernández en la Cumbre de las Américas
Castro y Stalin fueron dos dictadores que gobernaron durante varias décadas y murieron en la cama. Merecen compartir el nombre de un nuevo Club que acaba de nacer. Lo integran Vladimir Putin, Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Miguel Diaz Canel y el Ayatollah de Irán. Sus intereses se han venido cruzando y multiplicando en los últimos meses.
Las últimas movidas fueron el pedido de apoyo militar de Ortega -presidente de Nicaragua- a Putin y la felicitación de Maduro -desde Teherán, capital de Irán- al presidente de Argentina por su magnífica representación de los intereses venezolanos en la Cumbre de Los Ángeles. Pareciera que Alberto Fernandez, en sus idas y venidas, quisiera aplicar para ser miembro del mismo club.
¿Pero la verdadera jefa de su gobierno -Cristina Kirchner- estará de acuerdo con Alberto? Ella se ha movido durante 20 años en un delicado equilibrio entre Washington y el "Populismo Nacionalista", perteneciendo siempre a ella misma y mostrando u ocultando cartas a su antojo.
Asi se reunió -a solas- en dos oportunidades con el embajador Marc Stanley. Nada indica que haya sido para criticar o tomar distancia de los EEUU. ¿Tenía margen Alberto para repetir en Los Ángeles la misma escena que protagonizara Néstor Kirchner en Mar del Plata durante la última Cumbre del ALCA del 2005? Allí fue precisamente donde el fallecido ex presidente enterró el proyecto norteamericano de la Zona de Libre Comercio Hemisférica (mientras Chavez encabezaba la "Cumbre Paralela" en un estadio de fútbol a pocas cuadras de la sede oficial).
Argentina no es ni será parte del "Club Castro-Stalin", la inmensa mayoría de los argentinos no está de acuerdo. Un gobierno que escasamente representa al 30% de la ciudadanía, no controla al Poder Legislativo ni al Judicial, y mucho menos a la prensa, no puede cometer semejante desvarío.
Con más de 2.000 puntos de riesgo país, un acuerdo con el FMI agarrado con alambre y una situación social explosiva -50% de pobreza y 70% de inflación, ambos guarismos creciendo sostenidamente- necesita fortalecer su vínculo con el Mercosur, Washington y la Unión Europea.
Su simbólica presidencia de la CELAC, le sirve para poco y nada -alcanza con ver la inexistente agenda del organismo- y su muy débil vínculo intra Mercosur, lo muestran debilitado y sin margen de maniobra, dentro y fuera de nuestra frontera.
En un mundo que está reorganizándose hacia adelante, golpeado por la pandemia y la guerra en Ucrania, sería bueno que el Presidente "salga de su laberinto por arriba" y abandone sus jugueteos políticos trasnochados, asumiendo, con humildad, que le toca la dura tarea de completar su mandato en una ardua transición. Su mejor aliada sistémica, curiosamente, es la oposición a la que agrede en forma constante, y su peor enemigo está dentro de su propio gobierno. Dios lo proteja e ilumine.
