Revista Psicología

El coche, la música y tú

Por Rms @roxymusic8

...y añadiría la noche. Sé que puede sonar melancólico e incluso un poco nostálgico, pero no es así en mi cabeza ni mucho menos cuando lo vivo. ¿Cuántos de vosotros disfruta de una noche conduciendo de vuelta a casa tras un día largo, una reunión importante o lo que sea, escuchando música y dejando que los pensamientos se asienten o fluyan? De esto quiero dejar constancia en unas cuantas palabras. Desconozco cuántos de vosotros conecta con este tipo de experiencias. No sé qué tiene este cóctel de cosas juntas, pero lo que sí sé es que algo muy potente y que provoca una vivencia curiosa a la par que interesante. Ahora mismo me encuentro escuchando la canción que anoche sonaba en la radio de vuelta a casa tras una reunión importante y con la que todo este pensamiento se puso en marcha. ¿Qué tipo de canción? Una de los noventa que rápidamente me hizo conectar con la vida. Es una canción que me encantaba escuchar y que hacía tiempo que no lo hacía, así que fue un momento especial.

El coche, más bien el conducir cuando se va solo, proporciona serenidad. Hay un cara a cara con nosotros mismos, es como que se da un encuentro personal donde no podemos escapar a nosotros mismos. Es un momento que bien puede devolverte la esperanza, ver una cosa clara, conectarte con algo importante para ti o, todo sea dicho, con Dios. La música es el complemento perfecto para los que conectamos mucho más gracias a ella. Hay música para todo tipo de momento, así que siempre puedes sentirte acompañado por los pensamientos, vidas, anhelos y vivencias de los artistas. Además, tu cuerpo empieza a responder a los ritmos y golpes que cada melodía tiene, y a dejarse ir con ellos en una serena o marcada coreografía. Hay conexión de algún modo. Luego estás tú o yo. Es la parte más importante de este momento. Sin ti o sin mí no puede darse la reflexión ni nada de lo que estoy escribiendo. Eres el sujeto pensante, soy la persona protagonista. De ti y de mí depende el que ese momento signifique, quede en la memoria y recurramos a él en alguna otra ocasión. La noche es el marco adecuado para pensar. Me refiero a la tranquilidad de la noche cuando las tiendas están cerradas, los coches en el garaje o aparcados en silencio y las personas recogidas en sus hogares.

Bueno, volviendo al tema. Y... ¿qué pensamiento se puso en marcha? El de saber disfrutar de las cosas pequeñas y, también, el de saber parar un momento a pensar y recolocar las cosas que con el día se nos cuelan, nos quitan la paz o no nos ha dado tiempo a considerar con calma. Saber disfrutar de las cosas pequeñas requiere dedicación. Necesitas reservar un momento del día a una actividad que te alegre la existencia, dé color a tu vida o llene de sentido tu realidad. A veces, sólo es poder sonreír sin más por un momento, no hace falta algo en concreto. Aparte de dedicación, requiere sencillez. Si quieres ser capaz de disfrutar de algo pequeño no puedes andar exigiendo mucho o esperando demasiado. Aquí las expectativas no tienen lugar, es más bien una actitud de gratitud. ¿Y cómo se consigue? Haciendo oídos sordos a lo que la sociedad no para de repetirnos: compra, consume, con esto serás feliz, necesitas... Y rodeándonos de personas y ambientes en los que la gratitud reine o, al menos, se oiga y se palpe. Requiere práctica y autenticidad. Para empezar sólo necesitas decir "Gracias". Lo demás vendrá solo, es cuestión de dejar salir las palabras que tenemos dentro y que no son de nadie más.

Saber parar un momento a pensar y recolocar las cosas requiere voluntad. Necesitas querer ese momento, verlo importante para ti e incluso determinante según en qué momento vital te encuentres. Aparte de voluntad, requiere humildad. Si quieres ser capaz de saber parar un momento para reflexionar sobre tu vida en profundidad no puedes ser deshonesto contigo mismo y no escucharte con la verdad por delante. De ti depende el recolocar las cosas en su justo lugar o en donde más serenidad te dé. Sabemos que nuestros días van de aquí para allá y que cada vez más nos recluimos en las tecnologías para no pensar o parar tener un chute de (añade aquí tu palabra). Esto nos hace cada vez más arduo el priorizarnos e, incluso, pensar las cosas. ¡Ya casi no pensamos! Pero, ¿pensar en qué? ¿Reflexionar de qué? Justo el mero hecho de contestar con estas preguntas habla de la pérdida de interés sobre la propia vida. ¿Sueno dramática? Bueno, para suavizarlo diré que hoy nos encontramos con más estrés y ansiedad en las personas por faltarnos espacios donde conversar, aclarar, guiar o, simplemente, descansar nuestros pensamientos, dudas o inquietudes personales. No sé si lo he suavizado...

Quizá si no supiera disfrutar de las cosas pequeñas que envuelven mi vida, mis rutinarios días, no hubiera dedicado una entrada de blog a compartiros esta pequeña cosa que todos podemos compartir y hacer experiencia. Quizá si no supiera parar un momento para pensar y recolocar las cosas que suceden en el día a día no me hubiera parado ahora mismo a dejar por escrito este pensamiento hecho vida y que puede que conecte contigo y, quizá, nos haya acercado un poco más o nos permita decir que el mundo todavía es humano y hay mucha vida por delante. Es esta la esencia y la razón de existir de este pequeño espacio en la vasta red de redes.


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