Revista Deportes

El derbi de la historia

Publicado el 22 noviembre 2013 por Carlos Romero @CarlosRomeroSFC

POR GUARDIANES DE LA MEMORIA.

El partido del próximo domingo no es más que un nuevo episodio deportivo de la rivalidad entre los dos máximos representantes del fútbol sevillano en una jornada liguera de la Primera División. Pero la rivalidad entre sevillistas y béticos, con muchos años a sus espaldas, trasciende de lo que pueda suceder en la hierba y tiene otras ramificaciones muy relevantes hasta llegar a confrontar a directivos, aficionados y tratadistas en versiones encontradas de la realidad. Es lo que pudiéramos llamar, en un cómodo paralelismo, el derbi de la Historia.

Queremos hacerles reflexionar al respecto con la lectura de algunos párrafos escritos hace algún tiempo por nuestro amigo y compañero Enrique Vidal, y que forman parte de la introducción de su libro “Caso Antúnez. Más allá del honor” (2012), cuya lectura, más que recomendable, es imprescindible para todo buen aficionado. Léanlos atentamente, saboreen cada afirmación, cada palabra, cada pausa, y saquen sus propias conclusiones. Así se ha escrito la Historia desde uno y otro bando.

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Caso Antúnez. Más allá del Honor – Enrique Vidal

“La historia del Sevilla Fútbol Club y la del Real Betis Balompié están íntimamente relacionadas, no se comprende la una sin la otra. Pensemos que el mismo España Balompié, germen originalísimo del hoy eterno rival sevillista, aparece en 1.908 justamente con el objetivo de dar la réplica al club decano. El equipo fundado formalmente al año siguiente por los futuros militares que estudiaban en la Escuela Politécnica de Sevilla protagonizaba ya entonces una reacción, desde lo tradicional y españolizante, frente a la modernidad y el aperturismo que representaban los jóvenes de “buena familia” que integraban el Sevilla Foot-Ball Club, educados en el extranjero y comprometidos con las ideas regeneracionistas de las elites intelectuales del país. Este móvil opositor que provoca la aparición del segundo club de fútbol de la capital andaluza se hace obvio, principalmente, en sus señas de identidad, al adoptar una simbología que no sólo persigue reflejar sus ideales, sino también marcar diferencias con su rival, tratando de situarse en el extremo opuesto a lo que éstos encarnaban y ellos despreciaban. Así, eligieron los colores rojo y gualda de la bandera para su escudo, el azul y el blanco del uniforme de artillería para su vestimenta, el mismo nombre de España para denominar al equipo y, sobre todo, el neologismo “balompié”, como elemento distintivo que mejor lo oponía y contrastaba contra el histórico “foot-ball club” de la ciudad.

Si desde su mismo origen, y por su propia esencia, el eterno rival de los sevillistas nace como reacción frente a éstos, y supone una amenaza cierta para su hegemonía y valores, no es de extrañar que a lo largo de la historia se hayan sucedido múltiples episodios conflictuales, dentro y fuera del terreno de juego, que amén de perfilar las respectivas identidades sociales, han servido para llenar páginas de libros o periódicos, protagonizar encendidas tertulias y, sobre todo, para alimentar leyendas, en muchas ocasiones, demasiadas, con manifiesto desprecio a la Verdad. La pasión, el orgullo, los intereses personales e incluso sentimentales, en definitiva, la rivalidad, por su peculiar sustancia, ha provocado distintas versiones de los mismos hechos, en las que cada cual ha magnificado anécdotas, soslayado evidencias o justificado fracasos, distorsionando si era preciso la realidad de lo acontecido, traspasando la línea de la certidumbre.

Con el riesgo que siempre supone generalizar, podemos convenir más serenamente que los sevillistas, quizás debido a una carrera deportiva más exitosa que la de sus vecinos, apenas se han preocupado, hasta hace relativamente poco tiempo, por esclarecer determinados capítulos de su biografía que, curiosamente, han sido relatados por plumas afines, cuando no abiertamente emparentadas, con sus eternos rivales, desde siempre muy superiores a los blancos en el dominio de la información y de su fuerza comunicadora, lo que ha comportado, sobre todo fuera de la propia Sevilla, una merma considerable para el honor y buen nombre del Club decano, y un correlativo ensalzamiento de las virtudes atribuidas por esas mismas fuentes al bando verdiblanco. Sin duda, en esto, el sevillismo merece una áspera crítica, pues desde su orgulloso pedestal deportivo, ha menospreciado la importancia de la propaganda, descuidando este frente, del que ha recibido, y sigue recibiendo, más heridas de las pertinentes.

Por su parte, en la otra acera futbolística de la ciudad, y quizás por razón de esa inferioridad en el tablero de los resultados que, salvo excepciones puntuales, ha correspondido siempre al Real Betis Balompié a lo largo de los tiempos, se aprecia de forma recurrente, en toda su bibliografía, un gusto acusado por mitificar la historia y dotarla de tintes fabulosos, incluso melodramáticos, que buscan trascender de lo mundano para situarse en otra dimensión, más allá de lo meramente futbolístico, en un lugar hacia el que poder desviar la controversia por derroteros más seguros, vedado a los comparativos. Lo sentimental y el victimismo, el recurso al fatalismo y la etiqueta fácil, aparecen así como ejes conductores del clásico discurso histórico verdiblanco, en detrimento muchas veces del dato objetivo, del hecho cierto y contrastado, cuya crudeza se antoja difícilmente soportable; lo cual ha derivado en una espiral, no exenta de peligros, que en supuestos muy concretos y significados obligará incluso a una reinvención de las cosas, para poder mantener de generación en generación, determinados planteamientos arraigados por la tradición, pero que no se sostienen documentalmente con las pruebas que hoy en día, gracias a los avances tecnológicos, están al alcance de cualquiera. Es de esperar que algún día esta dinámica cambie, y que para entonces, aún se esté a tiempo de salvar esa riquísima parte del patrimonio histórico verdiblanco que permanece oculto, desconocido, bajo la tizne de esa otra historia sui generis que ha prevalecido hasta ahora, sin que prácticamente nadie haya querido revisarla.”

Feliz partido, sevillistas.

 

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