Revista Comunicación

El Derecho a la Desinfoxicación

Publicado el 31 marzo 2020 por Solano @Solano

La vorágine de noticias durante estas semanas alrededor del TEMA no es usual (¿Es necesario que diga a cuál me refiero?). Y como no solo hay noticias, hay contenidos de todo tipo, desde proyecciones matemáticas que indicarían que el 6 de abril podríamos estar llegando a 20.000 personas contagiadas en Colombia, información de servicio, transmisiones, conferencias y tutoriales para trabajar más, hasta chistes y muchos memes.

Como ya lo hemos dicho aquí, a muchos les tocó teletrabajar por primera vez en sus vidas desde las casas, y eso ha implicado para unos jefes, sentir ese viejo adagio campesino que reza: “El ojo del amo engorda el ganado” para afirmar que el encargado de un negocio debe estar muy pendiente de él si quiere que funcione bien.

Pero eso ha llevado a un extremo. Como lo conversaba hace unos días con una amiga, servidora pública en el Departamento Nacional de Planeación, hay un afán por demostrar que sí estamos trabajando y “luego sentimos culpabilidad al darnos tiempo para dormir hasta una hora decente, desayunar, almorzar o reposar el almuerzo”. Muy cierto. El momento es tan atípico que los jefes, al necesitar sentirse más presentes, buscan comprobar que la gente sí esté trabajando al hacer más llamadas, chats y enviar correos. La cultura de la ‘reunionitis’, tan enquistada en nuestro medio, se empeña en no morir a través de sesiones virtuales. Y como en efecto nos rinde más en las tareas de trabajo, pues hacemos más cosas que antes en la misma cantidad de tiempo.

Ojo, tenemos que balancear el tiempo que dedicamos al trabajo, a la familia, al ocio y al cultivo del espíritu; debemos hacer un uso responsable de las redes al no conectarnos todo el tiempo y procurar hacerlo con prioridad para estudiar y trabajar.

Debemos, a la vez, trabajar en nuestra desinfoxicación, es decir, desintoxicarnos de tanta información que solo acrecienta la ansiedad. Hoy más que nunca debemos estar pendientes de la información de servicio, pero también dedicar tiempo a muchas más actividades offline, lo que incluye, sin sentido de culpabilidad, tiempo para cada uno, no solo para hacer, sino para ser.

Nota: Esta columna fue publicada originalmente en Vanguardia el día 26 de marzo de 2020

Adenda: La lectura comentada de esta columna se encuentra en el nuevo podcast @Solano en las plataformas Anchor y Spotify. Aquí puede oírlo.


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