Revista Comunicación

El descubrimiento de la recursividad como sexto sentido: Guía de desarrollo.

Publicado el 10 junio 2019 por Manuelgross

El descubrimiento del sexto sentido (la Recursividad). Una guía básica para su desarrollo.
Por Juan Carlos Casco.
Emprendedorex. 

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El descubrimiento de la recursividad como sexto sentido: Guía de desarrollo. 


Reconocemos la capacidad de algunas personas para identificar y etiquetar recursos, establecer relaciones entre ellos y ponerlos en juego en torno a un propósito. En un contexto de caos son capaces de establecer patrones.
Esas personas han desarrollado una capacidad para enfocarse en la creación de valor y la proyectan en todas las facetas de la vida.
Todo los recursos que el ser humano necesita para colonizar nuevas galaxias, vencer al cáncer, prolongar la vida humana hasta los 500 años, crear nuevas formas de vida, terminar con el hambre y la pobreza o superar los conflictos bélicos; están presentes en el sistema.
Lo único que necesitamos para superar esos desafíos es aprender recursividad, es decir, la capacidad para fijar retos y metas, identificar los recursos críticos para lograrlo, habilidad para conjugarlos y la voluntad y el coraje para hacerlo.
Hasta ahora habíamos admitido la existencia de 5 sentidos con los que nos relacionamos y construimos nuestro mundo, sin embargo todos sabemos que hay más sentidos, por ejemplo, el sentido del equilibrio o el sentido de la intuición. Éste último nos permite establecer patrones en torno a un conjunto de fenómenos sin conexión aparente, aportándonos una base «no científica» para tomar decisiones. Intuición y recursividad son dos sentidos emparentados pero diferentes.
Para mi el sexto sentido es LA RECURSIVIDAD, y creo firmemente que será un sentido tan importante como el de la vista o el oído para desenvolvernos en la nueva y compleja civilización en la que ya hemos entrado, especialmente en la cosa de la creatividad, la innovación, el emprendimiento, el liderazgo, la dirección y la gerencia (management).
Realmente el concepto de recursividad tiene que ver con las matemáticas y la computación (algoritmo recursivo es aquel que expresa la solución de un problema en términos de una llamada a sí mismo). Aplicado al dominio del ser humano y la acción, sería la capacidad por la que tomando los elementos presentes en el entorno del sujeto se puede crear abundancia mediante la llamada y la recurrencia de los elementos a sí mismos y entre ellos.
Por ejemplo, en el entorno de la empresa, un individuo recursivo en un entorno de recursos «escasos» puede crear una gran empresa desde su conjugación a través de la facilitación de llamadas entre ellos. Por contra, un individuo no recursivo en un entorno de recursos abundantes puede generar el efecto contrario. Por consiguiente, la producción de valor en todas las facetas del ser humano está en la recursividad, no en los recursos.

Todos los ladrillos para construir el universo son accesibles, están a tu alcance


Yo defino la recursividad como:
  • La capacidad para identificar recursos en un sistema complejo con apariencia caótica que se nos presenta a los sentidos.
  • La capacidad para crear relaciones entre los elementos y llamadas a sí mismos y entre ellos.
  • La capacidad de poner en juego esos movimientos en torno a un propósito.
Una persona con el sentido de la recursividad desarrollado al ser expuesta a una serie de estímulos o información caótica es capaz de conjugar los elementos y generar una estructura entre ellos para producir un valor. Todos tenemos pequeños ataques de recursividad que identificamos cuando expresamos emociones en enunciados como: ¡Eureka! ¡Lo vi! Lo importante es que entrenemos y aportemos músculo a ese sentido.
Cuando el «músculo recursivo» se entrena se reconfigura la estructura mental del individuo. La acción cerebral se concentra en la búsqueda de conexiones probables e improbables entre las cosas, en la creación de relaciones, visualización de escenarios posibles, determinación de cursos de acción … 
Todo esto implica disciplina para observar el orden dentro del caos, y hacerlo además en unos segundos. El aspecto de la inmediatez es clave porque a la recursividad puede llegarse con el método científico (miles de horas de análisis, desarrollo de tesis, proposición de modelos…), pero cuando el sentido está desarrollado, todo esto ocurre en el cerebro en un instante, en una breve fracción de tiempo.

El sentido de la recursividad atrofiado produce entropía (desorden en los elementos del sistema) y la percepción de escasez.


El universo es abundante y escaso a la vez, en función del potencial recursivo del observador. En el entorno que te rodea tienes todos los recursos y medios a tu alcance para construir nuevos universos. 
Toda la vida que conocemos y sus componentes surgieron de la acción recursiva de una estrella que reventó y generó todos los ladrillos para la vida (somos polvo de estrellas), en algunas partes del mundo florecen los desiertos fruto de la recursividad de sus moradores, viajamos a otros planetas por nuestras mentes recursivas, las empresas, las revoluciones, las innovaciones, las tecnologías, las culturas, las expresiones artísticas…
Son fruto de la recursividad humana en acción. Las leyes de la física son recursivas (se llaman unas a otras), el ser humano es recursivo, y el universo es recursivo. La recursividad es un sentido humano y universal, construye la civilización y crea el universo.
La percepción de abundancia es un síntoma inequívoco de que quien la habita goza de un sentido de la recursividad desarrollado. Si tu percepción está entrenada para ver escasez y pobreza en el teatro del universo que habitas, nunca podrás crear riqueza (por riqueza no me refiero al capital, aunque también funciona en ese dominio).
Todas las variables humanas que interviene en la creación de abundancia involucran la capacidad para organizar recursos «¿escasos?»que están presentes en el entorno para relacionarlos, combinarlos y organizarlos en aras a construir valor.
Otra manifestación de este sentido es claramente observable en aquellas personas con capacidad para establecer patrones en la disposición de las cosas que aparecen a simple vista como dispersas y sin relación entre sí, disparando los automatismos para combinar las posibilidades que tienen a su alcance y producir llamadas a otros elementos que están fuera del sistema para conjugarse y producir sinergias.

Increíblemente la tradición ilustrada y la Revolución Industrial han producido una atrofia social del sentido recursivo.


El hombre prehistórico, en un entorno cultural y tecnológico pobre, era extraordinariamente recursivo, a partir de los elementos presentes en su entorno (piedras, huesos, palos, fibras vegetales … ); la incipiente capacidad recursiva de sus cerebros posibilitó crear industrias líticas, producción de arpones, armas de caza (arcos, flechas, cuchillos, hachas…), confeccionar vestidos, recipientes, utensilios.
Y con ello una economía basada en la caza, la pesca y la recolección; en paralelo al desarrollo del lenguaje, el cerebro y la conciencia social.
Pese a que en los últimos siglos hemos asistido a una revolución sin precedentes en todos los órdenes de la vida, la estandarización del conocimiento y la producción ha devenido en una gran masa social sin capacidades recursivas, justo cuando más las necesitamos para desenvolvernos en este tiempo complejo que nos ha tocado vivir.

Prácticas para cultivar la recursividad.


Igual que un músico dedica la mayor parte de su tiempo a desarrollar su oído, o un sumiller a hacer lo mismo con el olfato y el gusto; quien aspira a crear valor ha de hacer lo mismo con la recursividad, dedicando horas a estas tareas:
  • Imaginar conexiones probables e improbables entre las cosas.
  • Hacer pruebas, ensayos, composiciones mentales.
  • Crear patrones en el caos (acontecimientos, conversaciones sociales, comportamientos, manifestaciones estéticas…).
  • Cuestionar y poner en crisis la tradición, retar a las costumbres.
  • Desarrollar las técnicas del pensamiento lateral y estimular las visiones disruptivas.
  • Plantear nuevas hipótesis, jugar y probar con ellas.
  • Desarrollar la cultura del apremio, la inmediatez y el estrés como prácticas de acción conducidas (fijar tiempos mínimos y límite en las tareas de proposición-acción).
  • Tolerancia al error.
  • Construcción masiva y propositiva de escenarios de futuro en tiempo récord.
  • Creación recurrente de propuestas de valor a partir de elementos simples.

La recursividad, un sentido perdido en el tiempo que es necesario recuperar.


Varios siglos de academicismo y tradición industrial han reducido a la mínima expresión nuestra capacidad recursiva, esa que impulsaba al hombre del Paleolítico a salir cada día de su cueva y mirar a su entorno para preguntarse ¿qué conseguiré para comer hoy?
¿Qué cosas nuevas puedo crear a partir de los elementos de mi entorno? ¿Cómo puedo expresar mis sentimientos y hacerlos tangibles a través de la música, la pintura o la escultura?
Buena parte de ese sentido está adormecido, y debe ser recuperado en primer plano para rediseñar la existencia del hombre moderno ¿qué cosas hago hoy para ganar mi sustento? ¿Qué valor genero en el día conjugando todas las posibilidades a mi alcance? ¿Cómo genero una espiral de valor a partir de elementos sencillos sin apariencia de valor?
La pérdida del sentido recursivo nos ha sumido en una especie de minoría de edad permanente en la que para producir cualquier tipo de valor apelamos a nuestros padres, al préstamo de recursos o capitales, a la acción del gobierno…. 
Es decir, a externalidades que tienen el deber de arreglarnos la vida, haciendo dejación permanente de nuestra responsabilidad vital para crear valor utilizando los medios que el universo ha puesto a nuestro alcance. 
Todo esto es muy grave pues sitúa el foco de la acción en cómo se configuren las circunstancias, no en crear y alinear las circunstancias mismas para hacer un cambio, declinando la mayor facultad que nos otorga la vida que es la de ser actores del cambio en lugar de espectadores pasivos en el mundo.
En esta deriva asistimos a entornos riquísimos de abundancia transitados por seres tristes y quejumbrosos que sólo son capaces de percibir escasez. Definitivamente hemos perdido el hambre y la emoción del hombre primitivo, y necesitamos volver a ejercitarlas cuanto antes.
En cualquier entorno actual tenemos recursos inmovilizados, conocimientos, personas ociosas, tecnología, materias primas, consumidores… Y sólo unos cuantos tienen entrenadas sus mentes para crear patrones listando esos recursos, haciendo combinaciones de cómo se podrían conjugar, estableciendo planes y poniéndolos en acción.
También son manifestaciones recursivas las del tipo que a partir de un palo y un fregón ideó una fregona, el que hizo algo similar con un palo y un caramelo, o el otro que ensambló el coche de caballos con la máquina de vapor. El ser cambió la etiqueta del palo con una llamada a sí mismo, cambiando su categoría y haciendo a su vez una llamada y una conexión a otro elemento (fregón, caramelo).

¿Qué es un recurso?


Buena pregunta, porque esa categoría se alcanza cuando el individuo tiene una propuesta de valor o un propósito (para un nativo en la selva, un arco es un recurso, un frigorífico no).
Para que puedas descubrir los recursos de tu entorno, necesitas un propósito o un sentido del propósito, a partir de aquí, todos los elementos del sistema cambian de etiqueta y se hacen visibles a los otros 5 sentidos. 
Un día, buscando setas le preguntaba a un paisano que si había setas por allí, a lo que me respondió que no, cuando el sitio estaba plagado de ellas. Conclusión: ese hombre no tenía en su cerebro etiquetadas las setas como recurso, entonces sencillamente no existían; cuando le expliqué la calidad de una de las especies que había allí, comenzó a verlas, reconocerlas y aprovecharlas, las setas comenzaron a existir para él.
Recurso pues es cualquier realidad que conjugada con el propósito de un ser cambia de etiqueta y comienza a producir llamadas diferentes a sí mismo y a otras etiquetas que comparten un patrón.
Lo que identificamos como recursos para producir valor (dinero, terrenos, materias primas…) sólo son una fracción vulgar e insignificante de la gran batería que el universo pone a nuestro alcance. Los recursos críticos para crear valor en el mundo actual son las personas, fuente infinita de creación de valor en sus talentos, interacciones y conexiones (capital emocional, capital relacional, capital intelectual …).
Pero la fuente principal de valor recursivo está dentro de ti mismo, en la llamada a ti mismo, en el diseño y configuración de tu paradigma mental alineado con las nuevas prácticas que te hemos mostrado, en cómo te etiquetas, en el permiso que te otorgues para cumplir tus sueños, en la forma de hablarte y de tratarte, en el compromiso que decidas adquirir con tu mundo. 
Esta disposición del ser individual cambia la estructura y la química del cerebro, reforzando el sentido innato de la recursividad humana y un campo expedito para establecer patrones en los millones de realidades diferentes que están bailando a tu alrededor, en principio, sin orden aparente. Una manera diferente de observar el mundo y relacionarse con él en el que no hay cabida para la queja permanente y la resignación. Para el ser recursivo todo es posible.
Una expresión tangible de la recursividad es la empresa, pero sólo es una de los millones de realidades en las que se manifiesta: he visto lo que esta gente necesita y tengo el propósito de hacer algo útil, rápidamente etiqueto a los proveedores, prescriptores, clientes, financiadores, competencia… Y todo el patrón se organiza en unos segundos en la mente recursiva.

Fases en las que actúa el sentido de la recursividad.

  1. Tener un deseo «in mente», un propósito
  2. Proyectar una imagen de futuro con el deseo realizado.
  3. Identificar los recursos necesarios que están presentes en el entorno y etiquetarlos.
  4. Convocar a esos recursos y organizarlos.
  5. Apertura para producir llamadas de los recursos a sí mismos y entre ellos.
  6. Hacerlo.

Saberes para poner en acción la recursividad.


Además de los ejercicios propuestos, el sentido recursivo se canaliza con el desarrollo de los 6 Dominios transversales (escuchar, declarar, afirmar, enjuiciar, pedir, prometer). Y los 9 Niveles de excelencia (dirección, relaciones internas, relaciones externas, trabajo, aprendizaje, renovación, emocionalidad, planificación y evaluación).
No puedo cerrar este artículo sin expresar el reconocimiento a dos personas maravillosas con las que formo equipo, de las que aprendo cada día y que dominan este arte como nadie. GRACIAS Fernando Barrena y Damián Pérez.
Desarrolla ya tu sexto sentido.
Adelante!!
Artículos relacionados: Esta entrada se publicó en 3 noviembre, 2015 por Juan Carlos.
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Juan Carlos Casco Casco


CEO Emprendedorex.
Mérida y alrededores, España.
Internet.
Actual: EMPRENDEDOREX.COM.
Anterior: Junta de Extremadura, Desarrollo Local.
Educación: Universidad de Extremadura.
https://es.linkedin.com/in/juan-carlos-casco-casco-7b76877b 
https://twitter.com/jccasco1964

Fuente: Emprendedorex  

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Del mismo autor: Juan Carlos Casco


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