Revista Cultura y Ocio

El dia.

Publicado el 11 febrero 2011 por Matilido
Hace un tiempo lei una propuesta en el Blog de Vir sobre hacer un relato con unas palabras previamente propuestas por los blogueros. He visto dos buenos ejemplos de lo mismo. Y me animé a hacer algo con tinte humorístico: ahora bien, fracasé estruendosamente. Quiero que sepan que me doy cuenta de que esta criatura no debió publicarse, y que bien se me puede acusar de trastorno mental por haberla escrito pero estoy aburrido y quiero ver las reacciones, sientanse como entrando a un freak show. De alguna forma la criatura tomo vida propia mientras era escrita. Y claro, como todo lo que escribo, esto puede resultar exageradamente largo. Hecha la advertencia...
Hacia unos dias lo podia sentir en el aire estibal, mas no miraba su calendario solo por no enfrentar la dura realidad: el Gran Calor estaba por terminar, pronto llegaria El Dia. Pasaba las últimas horas del verano austral en una melancolia continua, sintiendo que su enfermedad surgia nuevamente, pero sabia bien que eso no era cierto. Durante las interminables horas de suplicio miraba su pared desde su rincón, solo hasta que el crepusculo traia el sueño. Era un gran muro lleno de insectos enmarcados, decenas de mariposas y en el centro, la gran libélula. Era un homenaje y un simbolo de esperanza: aquel brujo de las libélulas habia podido "curar" su mal. Habia sido una victima de la neumonoultramicroscopicosicilivolcaniconiosis.
Vivió toda su infancia recluido por culpa de ella, "un niño burbuja del tercer mundo" se solia considerar a si mismo: no era como el de la película, en este pais no se usaba el plástico. Recordaba el dia que habia querido jugar al futbol, pero le fue imposible en un principio: su burbuja era de madera. Igual se las arregló para tener una interesante actuación en el partido del barrio, ¿su puesto?: pelota suplente-ingresó en el segundo tiempo por lesión de la titular-.  Ese dia, frustrado por la idea de que su mal no era contagioso (eso decia el doctor, pero no la curandera del pueblo, de alli que sus padres no lo consideraran curado ni mucho menos) trató de convencer a su madre con el ultimo ardid que habia tramado: "Mamá, las burbujas no se hacen de madera, esta no aisla ningún germen menos el bichito Clóchina Microscopico Raris, voy a contagiar a todo el mundo" "Nene, -respondia la madre- no pasa nada, esa madera tiene agua bendita, y hasta tierra de camposanto lo más probable. Está bendita" Ese dia comprendio que un intelectual bohemio de ocho años no tenia mucho porvenir en la sociedad retrógrada, y decidió encerrarse. No salió cuando sus "amigos" lo llamaron con sendas pistolas de agua, la fortaleza humana no volveria a ser la sensación de las guerras de agua de su ciudad. Ni el castigo de colgarlo del ventilador con una hembrilla pudo disuadirlo: Carlos Dispar nunca salió de su casa mientras pudo evitarlo.
Pero ese era el problema: no siempre podia evitarlo. Menos aún en este pais perdido, habia logrado trabajar desde su casa gracias a Internet, hacia las compras desde Internet, pero no podia pagar los impuestos anuales desde su casa. La Intendencia de Malacucho no disponia de servicio Internet. De hecho era probable que no supieran lo que significaba esa palabra. El los odiaba a todos: desde la impuntual empleada que le cobraba hasta el infame cajetilla cuya unica función era sostener y otorgar los números para la cola del pago. A los catorce años habia logrado "curarse" gracias al elixir de libélula, o mejor dicho: una noche de San Juan habia contratado a un "brujo" que pedia limosnas en por los pueblos para mantener su colección de libélulas. La actuación del viejo borrachín fue excelente y sus padres quedaron impresionados por la curación fantástica, pero su conducta no cambió demasiado. Había descubierto su mundo. Hasta los dieciocho vivió en la burbuja incluso dentro de su casa, la epidemia de diarrea le hizo cambiar de opinión: no existió aromatizante eficaz. Decidió hacer ejercicios, se estaba achanchando alli dentro, para ello se elevó con un arnés y comenzó a hacer flexiones de brazo, Todo iba de maravillas hasta que el arnés se engancho, trataron de sacarlo colimpiandolo con un condón estirado (lo unico que encontraron) con tanta mala suerte que el primero se soltó de golpe y "la esfera" salió despedido por los aires, la ventana abierta permitió su vuelo. Mientras iba por el aire en aquella aventura surrealista creyó ver a Ofiuco en el firmamento. El viejo Bello,  que volvía borracho de cacería  puso cuerpo a Tierra como lo hacia en sus años de militar, contempló al Ovni y apretó el gatillo.  La bala se disparó con precisión: la nalga del pobre Carlos quedó hecha tortilla. "A vos te voy a dar Mandinga, si seguis mandando cosas raras-gritó el viejo en señal de triunfo mientras señalaba al averno- que platiilo volador ni ocho cuartos"  Cayó en una casa, que fortuitamente estaba desabitada, y para colmo era de su heredad, se la habia legado su tio antes de morir: asi se independizó.
La noche anterior al Dia no pudo dormir. Se levantó al en la hora fria que precede al alba y a la luz de la vela comenzó a prepararse para la salida. Sabia que su atuendo era extravagante, pero también sus costumbres. Su remera de Queen, su casco de Magneto, el pincel que llevaba como espada, todo era mal recibido en ese pueblo. Al menos confiaba que la vieja alcahueta de su vecina no estuviese oteandole por su ventana, si bien era un ermitaño odiaba que lo conideraran raro, pero fallaba en evitarlo. Tenia calculado que todo le llevaria cuarentaicinco minutos, los peores minutos del año y para peor los tenia que compartir con esos inútiles empleado. Asi pues, salió a todo correr, desmoró más de lo creia en cruzar la vieja plaza: hacia tiempo que no estaba en forma y le preocupó. El pueblo le parecia distinto: la gente hablaba a cables por la calle, cables que llevaban atados a pequeños aparatitos negros. El sabia usar Internet, pero no entendia nada del resto de la tecnologia: la desconocia totalmente.  
Pasó como un rayo cansado por la Iglesia y vio a su enemigo: el Municipio. Avanzó lo más veloz que pudo y penetró en el recinto con gran nerviosismo. Los empleados lo miraban divertidos: el ermitaño habia salido. El pobre se acercó al mostrador presa del nerviosismo. La diarrea verbal le apareció de golpe mientras intentaba explicarle su trámite a la empleada que lo miraba con su sonrisa burlona. La muy desgraciaba disfrutaba con su pesar, como todos los que alli trabajan. Seguro que su presencia no merecia que interrumpieran algun acto corrupto para ir a verlo, pero no era asi como ellos pensaban. Ella se tomó todo su tiempo en cortar tranquilamente con la tijera la tirilla de su recibo, ignorando las claras señales que le estaba enviando. Lo paraverbal nunca habia sido lo suyo, ni lo verbal ahora que lo pensaba mejor. No habia nacido para comunicarse, preferia el silencio.
La mala mujer le echó una mirada risueña y dijo con burla lo que junto con sus compañeros habia omitido decir por años: "Si le molesta tanto venir hasta aqui, ¿porque no hace el tramite por Internet? está disponible desde hace años" ! AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH! Un rostro se desorbitó, un pincel jamas fue usado tan ineficazmente como arma. Los miró reirse a carcajadas a costa suya. Salio corriendo a su casa, y nunca nadie volvio a saber de él. Algunos dicen que hizo un blog y a partir de alli se comunicó con un mundo que no lo conoce y por lo mismo, que lo comprende.
El dia.

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