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el día que se inventó el azul

Publicado el 06 abril 2015 por Libretachatarra

el día que se inventó el azul

el país
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Ni en La Ilíada ni en La Odisea el poeta describió el cielo como azul, y cuando se refiere al mar le atribuye el color del vino. Esa ausencia no es exclusiva del griego clásico. Como explica el lingüista Guy Deutscher, si un idioma tiene una palabra para el color azul, tendrá una para el color rojo, pero no necesariamente sucederá lo contrario. En la evolución de las lenguas el azul siempre aparece más tarde. “No conocemos ninguna excepción a esta regla”, afirmaba en una entrevista a The Paris Review. Deutscher ofrecía su explicación: “La gente encuentra un nombre para el rojo antes que para el azul no porque puedan ver el primero y no el segundo sino porque inventamos nombres para cosas de las que creemos que es importante hablar, y el rojo [el color de la sangre] es más importante que el azul para la vida de la gente en todas las culturas más simples”.
Los artistas de Altamira no contaban con pigmentos de color azul
Como sucede en el idioma, el pigmento azul también tardó en llegar a la pintura. Ni en cuevas como las Altamira o Lascaux, en las que artistas desconocidos plasmaron la vida paleolítica hace decenas de miles de años, se encuentra el color azul. Después, se han encontrado grandes minas de lapislázuli en países como Afganistán que podrían haber servido como base para estos tintes, pero no quedaban a mano de los artistas de Europa Occidental. Los pintores rupestres no contaban en su entorno con minerales de ese color que fuesen estables al contacto con el aire y esa situación no cambió hasta hace unos 5.000 años. Entonces, los egipcios lograron sintetizar el color azul por primera vez. Para conseguirlo, aunque había algunas variantes, se utilizaba arena del Nilo, sal mineral, bronce como fuente de cobre y se cocía a temperaturas de entre 800 y 1.000 grados.
Desde su creación, aquel “azul egipcio”, difícil de obtener y muy valorado, se empleó en algunos de los principales monumentos del imperio africano, como la corona del busto de la reina Nefertiti que se encuentra en el Neues Museum de Berlín (Alemania). En los siglos posteriores, también apareció en otros monumentos del mundo Antiguo, como el cinturón de la diosa Iris, en el Parthenon de Atenas, y continuó empleándose como un complemento estético de lujo hasta tiempos romanos. Después, a partir de la revolución química que se produjo en el siglo XIX, muy relacionada con el desarrollo de nuevos tintes, el azul dejó de ser un color casi exclusivo de los más poderosos.
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La organización de los átomos de cobre y oxígeno hace que el azul egipcio emita una radiación que, además de hacerlo famoso en la antigüedad, le ha permitido superar el paso del tiempo, al menos en cierta medida. “El azul egipcio tiene átomos de cobre muy separados unos de otros que emiten luz infrarroja", apunta Moreno. “Esto permite que, en el caso del Partenón de Atenas, por ejemplo, se pueda observar un trozo en el que a simple vista no se ve pigmento y midiendo esa radiación conocer que en algún momento estuvo pintado con azul egipcio”, añade.
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DANIEL MEDIAVILLA
“Los secretos del primer color artificial de la historia”
(el país, 26.01.15)


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