El diablo y la muerte (relato basado en la cancion de la renga)
Aquel no fue un dia como todos, a decir verdad se sintio muy distinto, Despreocupado como si el mundo viviera en mis bolsillos, sin embargo, nada valia nada…
Trabaje, convivi con el resto de mi mundo, hice lo de siempre y como siempre, pero un nudo en el estomago me acompaño durante mi dia; no era preocupacion, no era ansiedad, mas bien diria la aceptacion de algo que sin saber que era sabia que llegaría y no habia nada que hacer al respecto, solo esperar a que pase.
Tomando un fernet como me gustaba (potente, solia decir), el viento se hizo frio asi que me acerque a la ventana, cerre el vidrio y me quede mirando a travez de el. La luna se asomaba entre algunas nubes que se entrelazaban con la neblina que empezaba a despertarse. Me vi apenas reflejado en la transparencia de la ventana y la imagen de mi mismo me devolvio una mirada melancolica, una despedida de esas que se hacen a alguien que se va, pero hacia una vida mejor, esas en que la tristeza es solo por la egoista sensacion de no querer extrañar. Me sonrei consolando a mi reflejo, «buenas noches» me dije y apure un trago del dulce amargor del fernet que sostenia en mi mano.
La musica se paseaba por cada rincon de mi casa y el rugido del rey, el leon me distrajo de mi pensamiento aletargado y me invadio de extasis y me invito a bailar a saltar y a elevar mis propios rugidos y cante y grite y fui yo…
No se cuanta canciones sonaron hasta que tuve la necesidad de sentir la frescura del aire en mi cara y entonces sali…
Las calles estaban vacias, solo se oia algun que otro ladrido a lo lejos y la musica casi enmudecida que se escapaba de mi casa, la neblina ya era niebla y las luces amarillentas de los pocos faros de mi cuadra se hicieron tenues. Camine despacio, cada paso me alejaba del mundo y me acercaba al infinito… llegue a la esquina y ahi me quede con mis pensamientos. Empece a recolectar imágenes, de mi vieja, mis hermanos,de mis amigos, de aquel amor que dejo de serlo; cada recuerdo era un tesoro que me llevaría hacia ese lugar que me esperaba.
El viento empezo a abrazarme, a sentirse mas frio, y las hojas caidas del otoño quisieron bailar a mi alrededor; iban y venian, como no decidiendo un rumbo, justo como yo me encontraba en esa esquina y mirando hacia la lejania supe que ya no vendria, no vendria aquel que esperaba, ese que llaman tiempo, ese que me dejo a mi suerte…
Entonces los escuche.
Ahi estaban como estaba yo, envueltos en brillante bruma. Sus risas apagadas y a la vez como alaridos que me helaban el alma. Quise correr, pero no pude, no habia donde, no habia como, no habia porque…
Me miraron un largo rato, mientras hablaban entre ellos. A la distancia sus parabras se volvian ininteligibles, aunque supe al instante que hablaban de mi.
La muerte levanto la cabeza y entre la niebla supe distinguir su sonrisa. No se explicar lo que senti; no era miedo, tampoco tranquilidad.
Mis manos temblaban, mezcla de frio e incertidumbre y entonces ella alzo la mano y con la botella me hizo una invitacion.
Con todas las dudas que puedan existir en mil vidas me fui acercando a ellos y al llegar la mano blanca y huesuda me acerco la botella. La acepte y tome un largo trago. El licor aclaro mi garganta y calento todo mi cuerpo desde adentro y siguiendo la ronda le pasé el elixir al diablo mientras un poco tembloroso les dije «me parece que esta vez me dejaron bien plantado».
Ellos se miraron en complicidad y desataron unas cuantas carcajadas, al parecer les causo mucha gracia mi comentario, quizas mi actitud… no pude hacer otra cosa mas que reir con ellos mientras agarraba la botella que otra vez volvia a mis manos.
No se bien como se dieron las cosas, pero el tiempo parecio apagarse y la charla se fue dando con mucha naturalidad y pense que era como si fuesemos conocidos desde siempre y entonces el diablo que parecia saber lo que yo pesaba me dijo «siempre»… entoncen entendi… era exactamente eso, ellos estaban en cada momento, en cada lugar y yo siempre lo supe aun sin saberlo.
En esa esquina miraba de tanto en tanto hacia las cuatro direcciones, hasta donde la niebla me lo permitiera.
Las ramas del arbol que de a ratos se sacudian nos regalaban pequeñas lluvias de hojas amarillentas que crujian suavemente. Cada hoja era un final y cada final un principio y en cada uno de esos ciclos me veia a mi mismo…
El diablo me dio una palmada en el hombro y con una sonrisa reconfortante me pidio que me relajara. Entonces pense, ¿ porque no? Y revise mis bolsillos y saque un cigarrillo hecho de flores que yo mismo habia cultivado y cuidado con mucho recelo y que crei conveniente invitar a esos perdonajes que me acompañaban y que ya eran parte de mi destino.
Urgando entre mis pertenecias noté que no tenia encendedor entonces les pregunte si alguno de ellos tenia fuego. La muerte señalando al diablo y riendo dijo «este tiene de sobra» y esa risa me contagio a mi tambien… me pareció extraordinario como se burlaban sarcasticamente de sus penurias. Un rato antes el diablo me habia contado como fue desterrado del cielo por no compartir la ideologia de dios. Que no sentia rencor, sino que estaba dolido, que fue arrojado al fuego de los infiernos a pasar una eternidad viviendo las penas de los castigados. Me conto de su gente, de sus angeles muriendo en los baldios, del hambre de comida y de ideas en que se encontraba este mundo, el que el gobernaba… senti tristeza por el y por todos nosotros.
La muerte saco un encendedor, de esos de bensina, con una calavera en relieve y dos piedras rojas brillantes incrustadas en los ojos; «te sorprendi, ¿no?» Me dijo mientras reia y me daba la lumbre. «No por favor»,dije «haga usted los honores» y le di el fasito para que lo prendiera. Con un par de potentes pitadas prendio el porro y me dijo que era de los buenos y casi al momento empezo a toser… «¡cuidado, te vas a morir!» dijo el diablo y nos empezamos a reir entre todos… la muerte paso el cigarro y agarro la botella, le dio un trago y de pronto su expresión se volvio melancolica, miro al cielo que aun tenia a la luna en lo mas alto, pero ya casi sin nubes que la opaquen y entre dientes dijo «ojala pudiera…». Supuse entonces que su trabajo era muy duro; llevarse a la gente, terminar con sus vidas, sentir sus miedos; entonces me explico que no era asi, su trabajo no era matar gente, era acompañarlos a lo que sigue, que casi siempre era satisfactorio, que muchas veces lo que ella hacia le era agradecido, ya que con ella se terminaba el sufrimiento, el dolor. Me conto que era ella quien sufria muchas veces por tener que llevarse a aquellos que mueren sin haber vivido realmente y que eso pasaba cada vez mas en nuestros tiempos; que quien muere ya no tiene penas, las penas quedan para los vivos y que el llanto nunca es para el muerto sino para uno mismo… me hizo pensar, plantearme si en realidad podia asegurar que vivi y no tuve respuestas… y eso me dejo con un nudo en la garganta que tuve que acomodar con unas secas y unos tragos.
Las horas parecian no tener fin y esa botella que paseaba de mano en mano, de boca en boca dio mil vueltas sin vaciar su contenido.
Aunque ellos conocian cada uno de mis pasos, escucharon todas mis anecdotas prestando atencion a cada palabra a cada gesto que componían mis relatos.
Intercambiabamos ideas, discutiamos, reiamos y de a ratos nos poniamos serios tambien.
El viento seguia soplando, pero ya no se sentia frio y en esa esquina de mi barrio la noche se hacia infinita.
