Revista Opinión

El egoismo más salvaje

Publicado el 22 julio 2019 por Carlosgu82

Otra reflexión sobre la arrogancia humana

El estrés no cernía, cada secuencia dinamita  las posibilidades de un desenlace apacible para los protagonistas. La empatía del espectador frente al profesor Richard y a Alice Reed suscitaba una dilatación en las pupilas, un maltrecho golpe en el sistema nervioso ya ajado. Una ristra evidente se viste como hilo de la película, tras la muerte, la excitación, la tremula, sudorosa e incesante piel no pasa desapercibida.
El largometraje que propone Fritz Lang está vacío de probidad, no hay honradez, no hay ética en ninguno de los personajes, todos aletean su ego buscando aquello que, banal, por supuesto, les hará ser mejor que los demás. Sin embargo, dejando en un segundo plano está idea, existe una tesitura principal que invita al lector a reflexionar sobre la culpabilidad. La responsabilidad como mentira, como guía que encauza el día a día. Un zozobró que no es fulgurante está presente en cada secuencia, como firma insólita de esta película.
Aunque en un principio el mensaje que se intenta dar puede llegar a parecer esquivo, con tiempo, el espectador  tranquilo, uno aprecia, no solo que existe cierta moraleja, si no que en ningún momento Lang dudó, ni siquiera testó. Aún así, es cierto que el mensaje podría haber sido más explícito y dramático. Tamizó el lenguaje, el hilo conductor, quien sabe para qué. Al fin y al cabo es una digresión entre objeto y orgullo, un frenazo involuntario, uno trastabilla, se tropieza.
La batalla de egos que propone este film puede llegar a ser lo más reseñable en primera instancia, ya que sólo con ello es suficiente para pararse a pensar sobre ciertos asuntos ¿Dónde es capaz de llevarnos el egoísmo individual? El ser humano es así, alimenta su personalidad más arrogante. El ego no es más que aquel motivo de culpa interna y de justificación externa.El egoismo más salvaje


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