
Emprendedor Abstracto no es el Emprendedor Real
Muchos factores contribuyen para que el espíritu emprendedor funcione o no. Desde mediados del Siglo XVIII se enuncian conceptos abstractos sobre las “buenas prácticas” para emprender que pretenden prescribir las claves del “éxito” empresarial. El problema es que “las buenas prácticas” no se pueden transferir linealmente de un emprendimiento a otro, ni de un emprendedor a otro, partiendo de la base de las diferencias personales y sus respectivos entornos socioeconómicos.
Lo que muestra la realidad del día a día, es que los conceptos abstractos de las “mejores prácticas” emprendedoras y los “modelos” para planificar y gestionar los emprendimientos pueden ser entendidos y adoptados por empresarios y empresas que ya disponen de una base sostenible para desarrollar sus ventajas competitivas y son muy raros que funcionen por el hecho que los académicos presuman que son los caminos seguros para lograr el éxito.
Si nos detenemos a ver con atención cada una de las buenas prácticas para lograr ser un emprendedor de éxito, notaremos que no existen diferencias con las buenas prácticas para ser un ingeniero capaz, o un médico de confianza, o un redactor creativo o un programador eficiente.
El problema está en que el enfoque academicista sobre el emprendimiento se funda en conceptos abstractos que pueden explicar “ex post” la naturaleza emprendedora de personas y empresas, pero no son predictores “ex ante” del éxito o del fracaso emprendedor.
Yo encuentro que los enfoques académicos del emprendimiento se reciclan preservando inmutable, a través del tiempo, su base teórica (la vertiente económica de la escuela schumpeteriana, y la vertiente psicológica del conductismo de mediados del S XX).
