Revista Educación

El eterno presente

Por Siempreenmedio @Siempreblog
El eterno presente

Gertrudis (a.k.a. Gertru) y Filomena (a.k.a. Filo) se distinguen por el color de las plumas de la popa. Después de meses de frustración, a estas alturas ya me resulta evidente que la una tiende a la vainilla y la otra a la yema tostada.

En general las de su especie son seres despreciables. Pocas xenofobias resultan tan violentas como las que se profesan los clanes gallináceos. Los heridos son despachados con un festín de picotazos caníbales. Son abiertamente coprófagas. Y siempre prefieren el bocado de su vecina al propio.

En estos días aciagos, sin embargo, envidio su cerebro de nuez. Porque viven en un presente puro, cuya calidad se define por el metro de tierra que tienen delante. No esta tarde ni mañana, sino ahora mismito.

Si no fuera por esta desmemoria perfecta sus congéneres de jaula se suicidarían reventándose la cabeza contra los barrotes. Pero no saben que llevan ahí toda la vida ni tampoco proyectan su atroz cautiverio hacia el futuro.

Más presente y menos Prozac. Vivan los huevos frescos. Muerte a la melancolía.


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