Desde hace décadas, muchas mujeres alrededor de todo el mundo disfrutan desarrollando su talento como costureras gracias a la revista Burda. Una publicación que lleva décadas en el mercado y se traduce a más de 15 idiomas. Una revisa que nació de la mente de una mujer brillante que utilizó la traición de su marido para convertirse en la dueña de un imperio editorial.

Anna Magdalene Lemminger nació el 28 de julio de 1909 en Offenburg. Anna era hija de un trabajador de los ferrocarriles y una ama de casa. Poco pudo estudiar y pronto tuvo que ponerse a trabajar. Lo hizo como cajera en una compañía eléctrica mientras soñaba con ser alguien en la vida.
En 1931 se casaba con Franz Burda, hijo de un editor al que había conocido tan solo un año antes cuando Franz acudió a pagar su factura de la luz. Anna se convirtió entonces en esposa y madre de tres hijos. Parecían una pareja ejemplar. Ella, mujer abnegada. Él, un próspero hombre de negocios. Pero en la intimidad del hogar, Anna soñaba con hacer algo más en la vida mientras Franz se divertía con su amante. Anna terminó enterándose de la infidelidad de su marido de la manera más dramática, descubrió que tenía una hija ilegítima.

Ante aquella traición, y tras descubrir que su vida durante veinte años había sido un engaño, tomó las riendas de su destino. No solo pidió el divorcio a Franz, sino que le obligó a hacer algo por ella. Franz había financiado la editorial Effi-Moden, propiedad de Elfriede Breuer, la amante. Anna le obligó a retirar su apoyo a Effi-Moden para invertir en otra editorial que sería propiedad de Anna. Franz debería colaborar con ella, si quería mantener su estatus y no destapar sus escandalosas infidelidades.

Convertida en Aenne Burda, el 1 de octubre de 1949 salía su primer número como editora de la revista Favorit. Pocos meses después salía al mercado como Burda Moden. Con una tirada de cien mil ejemplares, Aenne se volcó de lleno en su nueva faceta. Estudió, buscó los mejores redactores, fotógrafos, patronistas, modistas, y siguió investigando sobre qué era lo mejor para aquel negocio. Lo encontró en 1952 cuando se le ocurrió incluir patrones para que las mujeres se pudieran hacer ellas mismas su propia ropa. Desde entonces, y hasta el día de hoy, la revista Burda permitió que las mujeres pudieran vestirse de manera elegante, con su propio estilo y sin gastarse una gran cantidad de dinero.

Aenne había conseguido crear un imperio editorial del que estuvo al mando hasta 1994, momento en el que cedió su imperio a partes iguales a sus tres hijos y se dedicó a su otra pasión, la pintura, y a coleccionar coches deportivos de lujo. Falleció el 3 de noviembre de 2005, a los 96 años de edad. Para entonces, había lanzado varias versiones de la revisa Burda y había impulsado una fundación benéfica. En la actualidad, su legado sigue vivo en más de 90 países.
En 2018, la directora de cine alemana Franziska Meletzky rindió homenaje a Aenne Burda en una miniserie sobre su vida.
