Revista Psicología

El fin del principio

Por Rms @roxymusic8

conflicto-actuarLlevamos un mes de continuas revueltas en varios países. Es el caso de Venezuela y Ucrania. En Siria, más, y en países de Oriente ya se ha perdido la cuenta.

Con todo lo que está pasando en el mundo, salta la alarma. Todo es bastante preocupante.

Uno se pregunta qué puede hacer. Me alegro por el grito todos a una que se está enviando a cada país desde coordenadas de todo el mundo, con mensajes de apoyo y, sobre todo, oraciones. Llega a conmover y así debe ser, tanto el mal como el bien, conmueven. El mal, por sentirse uno impotente de no poder combatirlo al cien por cien, de no poder extinguirlo por siempre. El bien, por hacer que uno quiera encaminarse hacia la virtud, de poner por obra buenas acciones.

“La fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta”. Hace poco llegaron a mis oídos estas palabras y me recordó esas movilizaciones de las que hablaba antes. El bien arrastra, pero cuesta más conseguirlo porque requiere de esfuerzo. El mal, aun arrastrando, no requiere de sudores para llegar a él, uno simplemente se deja llevar y lo tiene ante sí. Vemos a miles de personas manifestándose cívicamente, luchando verbalmente por sus raíces, valores y dignidad. Aunque también vemos a otros tantos luchando con armas y manifestándose mediante torturas y azotes para seguir contando con el poder, y así estar en lo más alto.

El obrar colectivo se está logrando con creces, pero no es suficiente. Es como la fe sin obras. Tomando la fe como multitud, si cada persona no se compromete (obras), está muerta, no hay nada que hacer. Por tanto, el problema viene del propio ser humano. La idea de empezar por uno mismo para no llegar a todas estas guerras de nuevo. Quizás parezca un planteamiento poco convincente, pero nos estamos olvidando siempre de ir a lo más sencillo. Y en este caso, está muy claro. Cuando se llega a lo que nuestros ojos contemplan cada día, no cabe duda de que se trata de algo dentro de las personas: rencores, intereses, iras, envidias…

Las causas son múltiples porque las circunstancias de cada persona así lo son también. Tenemos la parte de que no se ha sabido educar o no se ha podido recibir educación. No se ha recibido amor o no se ha encontrado amor alrededor. No se ha sabido usar la libertad o nunca se ha tenido opción de usarla (para bien o para mal). No se ha conocido el mundo y el ser humano o no se ha querido conocer. O, simplemente, todo ha estado en la comunicación: faltando respeto, escucha, acuerdo y consideración. Es por lo que he titulado esta entrada el fin del principio: el humanismo. Se ha perdido en el camino, lo han semicubierto pues aún se deja ver.

En cualquiera de esos casos lo importante es lo que podemos a hacer y no hacer cada uno. Podemos llegar a convertirnos en lo que menos querríamos en un abrir y cerrar de ojos. O bien, podemos llegar a ser luces en el camino de otros. Si escogemos cada uno el bien, aun con cruces, estaremos seguros de construir. Y esa contrucción, uno a uno, será al final el mundo que reflejen los telediarios, periódicos y fotografías que salgan a la luz. Completamente diferente a lo que nos tienen acostumbrados hasta la fecha.


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