Revista Coaching

El fracaso no mata

Por Interesproductivo @RoberttiGamarra

"No hago nada porque no quiero fracasar”. ¿Es racional pensar de esta manera? Veamos, el poder de la mente es tan extraordinario que es capaz de invertir los valores de las cosas con tal de proteger al individuo. Una vez detecta una mínima posibilidad de peligro, ya sea de tipo físico o de consecuencia social, se transforma en un ordenador de causa-consecuencia hipotética, dejando el estado racional para avanzar por suposiciones. Y muchos se aferran a esas posibilidades figuradas y son incapaces de avanzar. Lo que ese estado conlleva es la introspección del individuo, donde los sentimientos se imponen a la razón o a los valores naturales, en definitiva, a las consecuencias reales. Aquel que consigue conservar la razón en un momento de pánico tiene la mejor arma para sobrevivirlo, porque comprobará que el fracaso no mata.

El fracaso no mata

@morguefile

Siguiendo paso a paso la gestación de una iniciativa, se puede comprobar que ponerla en marcha no siempre está asociado a triunfar o a fracasar, sino a materializar una idea con el objetivo de compartirla con terceras personas y sacar beneficios. Por lo tanto, hasta este momento es todo mecánico, por decirlo de alguna manera, porque depende de la capacidad para valerse de los recursos ya existentes, de la necesidad del mercado y de la creatividad en el momento de plantear su estructuración.

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Mi recomendación a la hora de poner en marcha una iniciativa es no perder de vista el movimiento del mercado, la necesidad de las personas, incluso las inquietudes de los posibles interesados. No se puede articular una propuesta en entornos que no producen demandas que la justifiquen. Hay que partir de la necesidad hacia la propuesta, a no ser que creemos la necesidad a partir de la propuesta.
No hace mucho tiempo, en el transcurso de una conversación informal con un grupo de inmigrantes, descubrí cómo habían creado un nuevo sistema para afrontar sus gastos mensuales sin necesidad de convertirlo en negocio. La operativa era de los más sencilla y particular. Habían acordado en un grupo de 10 personas, realizar un depósito de 200 euros por cabeza todos los meses, donde cada mes uno de los participantes recogía la totalidad del depósito, es decir 2000 euros y se los gastaba en sus necesidades personales. Para lo que quisiera. Al mes siguiente le tocaba a otra persona y así hasta cerrar el círculo y empezar de nuevo. Me pareció una estrategia innovadora para combatir las necesidades reales de un entorno que no podría acceder a esa cantidad de dinero de otra forma.
Cuando comprobé la validez de esta iniciativa para financiarse mes a mes, me asaltó la pregunta de ¿qué pasaría si a mitad del proceso la iniciativa fracasaba? Porque dejaría a 5 personas sin haber recibido los 2.000 que les correspondería cuando ya habían aportado para que otros sí lo hicieran. Descubrí, para mi sorpresa, que para ellos era más fuerte la necesidad de conseguir financiarse que el propio miedo por perderlo todo.
Por último, para conseguir implantar una iniciativa en el sector adecuado y sacarle rendimiento, es fundamental la confianza. Confiar en que la idea es la mejor y confiar en la capacidad de los potenciales clientes a la hora de consumir, si el producto cubre sus necesidades.
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