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El gran valor de lo pequeño

Por Candreu
El gran valor de lo pequeño
Entre Sevilla, Madrid y Logroño he pasado la semana. Sesiones divertidas en todos los sitios con público entregado y entusiasmado. Agradables comidas y cenas en buena compañía. Y mucho rato de trabajo interno sobre el ordenador en los aviones, aves y en la nocturnidad de los hoteles. El descanso navideño atascó por completo mi Outlook y todavía ando contestando correos recibidos en Navidad.
A mucha gente le sorprende que le responda correos en los que simplemente me dan las gracias por lo bien que lo han pasado en una sesión o porque les felicite por su santo o cumpleaños. Tenemos que recuperar el valor de las cosas pequeñas. Es en esos pequeños detalles para con la familia, los amigos, los vecinos o los conocidos donde realmente se encuentra lo grande de la vida.
Este próximo martes 1 de febrero se cumplirán 67 años de una reunión de los altos jefes militares aliados, en Londres, bajo la presidencia del general Eisenhower, para preparar la invasión de la Europa nazi. Ese día se decidió el lugar y la fecha del que para todo el mundo y en palabras del mariscal alemán Rommel sería "el día más largo".
Pese a que los alemanes esperaban algo así y habían fortificado toda la costa, el desembarco aliado del 6 de junio de 1944 constituyó toda una sorpresa. Nadie podía sospechar aquella desapacible madrugada en la que las condiciones atmosféricas era absolutamente adversas que a las 3.30 AM pudiese comenzar una operación que cambiaría el rumbo de la guerra y la la situación geopolítica de toda Europa.
El día D (decisión) había llegado. Cruzando el Canal de la Mancha, la aviación aliada cubría materialmente todo el cielo de Normandía. Frente a los 400 aviones alemanes más de 3.500 bombarderos y 4.500 cazas aliados arrojaron miles y miles de toneladas de bombas. Por mar, 7 acorazados, 27 cruceros, 167 destructores y más de 6.500 lanchas de desembarco. Más de 325.000 soldados aliados desembarcaron durante aquella noche a lo largo de la costa normanda. Y en mes y medio habían desembarcado más de un millón.
En aquella reunión del 1 de Febrero, ante tan fabuloso desembarco se planteó un problema que podía llevar al traste toda la operación. ¿Resistiría la arena de las playas normandas el peso de los carros aliados?, ¿se atascarían éstos?. Los generales reunidos con Eisenhower declararon esta como una cuestión vital para el éxito de la operación. Para solucionar la duda, un grupo de comandos especiales desembarcó durante la noche en veinte playas diferentes para recoger muestras de arena. Una vez analizadas, se buscaron en las costas inglesas, las playas que tuvieran una arena semejante a aquellas en las que se habría de realizar el desembarco. Esas zonas fueron declaradas secretas y fueron los lugares donde se entrenaron las tropas de invasión.
Así, la que 67 años después sigue siendo la mayor operación militar de todos los tiempos, se pudo llevar a cabo después de dar una importancia especialísima a una cosa pequeña: el tipo de arena de la playa de desembarco.
¿Le prestas tú esa atención a tus granos de arena?

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