
Durante los años 20, Corea vive bajo la ocupación japonesa. La resistencia se está organizando para traer bombas desde Shanghái y poder destruir el cuartel general japonés en Seúl. Un policía japonés nacido en Corea y que ayudó a la resistencia tendrá que enfrentarse a un dilema moral.
Grandiosa producción coreana. Vaya recreación de los años 20. Impresionante. También impresionante las escenas de acción, contenidas y a la vez trepidantes.
Una historia, que como en todas las películas coreanas, empieza sin preámbulos, con la sensación de que te falta algo, de que no estás viendo la película desde el principio. La acción arranca en mitad de algo.
No es fácil de seguir, por el desconocimiento que tenemos en occidente de toda la historia de oriente, pero atrapa. Ocupación, resistencia, lucha. De eso sabemos en todos los sitios.
La última media hora, tres cuartos de hora, son magníficos. De no poder respirar. Las escenas del tren de Shanghái a Seúl son bestiales. Solo por ellas merece la pena la película.
Un thriller de espías elegante y magníficamente rodado que deja buen sabor.

Corea del Sur
