Revista Cultura y Ocio
Antes
de finalizar la tarde me encontré en el Cimitero
Monumentale
de Milán,
lugar que hace honor a su nombre con solemnidad marmórea.
El calor del día seguía corroyendo las
piedras y el mármol devolvía una luz quieta, como si tuviera que
aguantar la respiración. Las esculturas se alzaban con una dignidad
antigua: ángeles que parecían cansados, figuras humanas detenidas
en gestos que ya no
