Revista Opinión

El intervencionismo y la codicia, nuevos grandes vicios de la clase política.

Publicado el 09 junio 2017 por Franky
Antes era la corrupción, pero a hora los grandes vicios de la clase política son la codicia, seguida del intervencionismo. La corrupción clásica pierde fuelle porque los ciudadanos la odian demasiado y los jueces han decidido castigar a los corruptos. --- El intervencionismo y la codicia, nuevos grandes vicios de la clase política. La reacción de los políticos ante los escándalos y las condenas de los corruptos no ha sido, como cabía esperar, la regeneración de la vida política y el retorno a la ética, sino la búsqueda de nuevas rutas para seguir disfrutando de más poder, mas privilegios y más dinero, pero ahora sin riesgo de ser castigados, convirtiendo el abuso y el saqueo en métodos legales. Los impuestos abusivos, las prohibiciones y el intervencionismo se han disparado.

El robo masivo a los accionistas del Banco Popular y el reciente varapalo sufrido por el gobierno de Rajoy al condenar el Tribunal Constitucional la amnistía fiscal del ministro Montoro son muestras, una denuncia solemne y descalificación general del intervencionismo, la codicia y el abuso de poder.

La ciudad de Sevilla ha estado llena de vallas esta Semana Santa de 2017, síntoma de la creciente afición a prohibir y a controlar de la clase política. Las cofradías estaban hasta ahora al margen de la política y eran ejemplarmente autónomas, pura sociedad civil, pero cada día lo son menos. Los políticos están entrando a saco en el mundo cofrade. Con la inseguridad y el terrorismo como excusas, los políticos ya deciden hasta los itinerarios y los horarios, pero ese intervencionismo, acompañado de cientos de policías en las calles, no significa que exista más seguridad, sino todo lo contrario.

En tiempos de Franco había un sólo coche patrulla en la Semana Santa de Sevilla y nunca se produjeron incidentes. Hoy hay centenares y quizás miles de policías, uniformados y secretos, pero los incidentes son muchos y el miedo se ha tornado obsesivo.

Claro que poner a Franco como ejemplo no les gusta a los políticos, ni a la legión de "progres" y adoradore de lo público que siempre quieren agrandar más el Estado, con tal de que ellos lo gestionen y vivan al abrigo de los privilegios y de los sueldos públicos. Con Franco apenas se pagaban impuestos y había dinero para todo lo necesario. España progresaba cada día más, no existía la deuda brutal que hoy existe y el país llegó a ser la novena potencia industrial del mundo. Las razones de aquel éxito fueron muchas, pero hay dos que son fundamentales: la primera es que el Estado era pequeño y austero; la segunda es que no existían los políticos, lo que eliminada, de golpe, el grueso de la corrupción, el endeudamiento, la codicia y otros muchos males del presente.

La del año 2017 fue la madruga con más policías en la Historia de la Semana Santa sevillana,pero fue también la más peligrosa y la que vivió más incidentes de seguridad y estampidas espontáneas. A la independencia y libertad civil del mundo cofrade sevillano le quedan dos telediarios. Muy pronto será el Ayuntamiento y no el Consejo de Cofradías quien organice la Semana Santa y explote el jugoso negocio de las sillas y los palcos para contemplar los desfiles procesionales.

Es evidente que un mundo con más intervencionismo y más dinero para la clase política no mejora nada, sino que tal vez lo empeore todo. La eficacia está más cerca de la educación, la responsabilidad y la austeridad de un poder limitado y contenido que de lo que tenemos hoy, que es un "festival" de políticos tan codiciosos e intervencionistas como inútiles e injustos.

Es sintomático y no falla: a medida que disminuye el nivel intelectual y ético de los políticos, aumenta su poder, codicia e intervencionismo. Hay gobiernos y ayuntamientos que reflejan claramente esa degradación del nivel político, acompañado siempre del deterioro de la eficacia y la seguridad.

Los políticos en Sevilla están inquietos e indignados porque se revenden las sillas a los turistas a alto precio y porque los ciudadanos alquilan sus balcones a precio de oro. En apariencia es preocupación por la seguridad, pero es simple codicia y el único problema es que esas transaciones se hacen en privado y no pagan ni IVA ni impuestos. Y ellos siempre quieren "mojar" porque, incapaces de ser austeros, la codicia les convierte en avaros obsesionados y en saqueadores de los bienes ajenos.

Como no están dispuestos a ser austeros y a ahorrar, aumentan los impuestos y cobran por todo: por tener coche, por ir al cine, por circular, por aparcar, por comer, por beber, por viajar, por consumir y pronto, quizás, también por respirar.

Omar Torrijos, dictador blando de Panamá y el héroe que logró recuperar la soberanía sobre el canal interoceánico, fue el político más sabio que he conocido. Recuerdo que en su residencia de Farallón me dijo que el coronel Noriega, por entonces responsable de la seguridad, no hacía más que pedirle más dinero y más policías. Torrijos siempre le decía que "NO" porque según él, cuanto más policías hubiera, más delito habría porque "los policías, para crecer y hacerse necesarios, ellos mismos incrementan el índice de delitos". Confieeso que por entonces me escandalizó aquella tesis, pero hoy, desde la madurez, la experiencia y la reflexión, la comparto plenamente.

Lo mismo ocurre con la codicia. El papa Ratzinger afirmaba que "la Iglesia alemana necesita mucho dinero porque tiene mucho dinero". Del mismo modo, los políticos españoles acribillan a sus ciudadanos y empresas con impuestos de locura porque están acostumbrados al dinero abundante que disfrutaron en la etapa de la corrupción galopante, durante la burbuja inmobiliaria, y ahora no pueden prescindir de esos ríos de euros, que intentan conseguir por cualquier medio imaginable, sin ni siquiera plantearse la única medida razonable y lógica, que es disminuir el tamaño del Estado, eliminar los cientos de miles de parásitos amigos del poder que viven del Estado, sin ser necesarios, y acabar con los centenares de instituciones y chiriguitos que ellos han creado sólo para colocar a los amigos y para acrecentar su poder y boato.

Los ciudadanos se juegan su libertad, su futuro y hasta su existencia si no frenan pronto la escalada de intenvencionismo y codicia que amenaza con destruir España y tal vez el mundo entero, mucho más peligrosa que la antigua escalada de la corrupción, hoy en decadencia por dos razones: porque el pueblo está sensibilizado y ya no soporta a los corruptos y porque los jueces han decidido castigar la corrupción como lo que realmente es: un delito grave.

El enemigo de la decencia, de la libertad y del pueblo sigue siendo el mismo: la clase política degradada, pero sus vicios ahora son distintos: codicia e intervencionismo galopante en sustitución de la corrupción.

Francisco Rubiales




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