El edificio destacaba por su arquitectura neomudéjar, con fachadas de ladrillo, un patio central y varias dependencias auxiliares. Con el paso del tiempo, perdió su función original y llegó a utilizarse como almacén.
Su desaparición supuso la pérdida de un testimonio de la arquitectura municipal y de la vida cotidiana del antiguo pueblo de Fuenlabrada.

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