Revista Cultura y Ocio

El "Mondo" de un Premio Nóbel

Publicado el 30 junio 2010 por Hellman
El
Ven, franca la puerta... JMLC
Tusquets lanza un nuevo libro de relatos del Nóbel Le Clézio, que se compone de ocho cuentos. La obra se llama El mondo y otras historias. La Nación de Argentina lo comenta así:

Mondo y otras historias se compone de ocho cuentos, todos protagonizados por niños, como si en ellos Jean-Marie Gustave Le Clézio (Niza, 1940) hubiese querido encarnar diferentes etapas de un viaje recuperador de la infancia de la humanidad.

Un día la chica de "Lullaby" decide no ir a la escuela; se dedica a vagabundear por la playa y en el transcurso de su aventura experimenta una sensual comunión con la naturaleza, cercana al éxtasis espiritual ("Lullaby sentía que su cuerpo se abría muy despacio, como una puerta y ella esperaba el encuentro con el mar [...], parecía una nube, un gas, se mezclaba con todo lo que la rodeaba"). En otra ciudad marítima encontramos a Mondo, una criatura de la calle sin familia ni morada cuyo estilo de vida va en contra de las normas establecidas. Este relato, que inicia el libro, es el menos audaz del conjunto y sus cuestionamientos permanecen dentro del plano de lo social.

"La montaña del dios viviente", en cambio, propone un pasaje a una dimensión mítica a través de la escalada del protagonista hasta la cumbre de un monte en el cual mora una deidad pánica. Y Juba, el pequeño campesino de "La rueda del agua", tiene la visión de una fantástica ciudad, mientras sus bueyes mueven la noria que provee de agua sus campos.

Mondo y otras historias fue publicado originalmente en 1978 y forma parte de un programa de reedición de la obra de Le Clézio, ganador del Premio Nobel de Literatura 2008. En este libro, el autor francés bordea muchas veces el cuento de hadas y la leyenda folklórica. Un lenguaje poético, de convincente intensidad, se impone a la línea argumental con imágenes animistas que convierten los elementos primordiales del universo en presencias fundamentales de la narración. Así ocurre en "El que nunca había visto el mar" con el océano, transformado en símbolo del anhelo de libertad por los pupilos de un liceo.

"Hazarán" se desarrolla en un humilde asentamiento de inmigrantes donde los chicos se reúnen a escuchar los cuentos de un hombre que practica el ayuno porque ya no siente ganas de comida ni de agua, sino sólo de Dios. La heroína de "Pueblo del cielo", un texto construido como un poema en prosa que concluye de manera apocalíptica, se llama Pequeña Cruz: vive en un "país sin hombres [...] de arena y polvo" y es visitada por los "caballos del azul". En "Los pastores", un muchacho de la ciudad arriba al "país de las dunas" y allí, sumergido en el encantamiento de un tiempo infinito, "olvida todo lo que conocía antes de llegar" y se esfuerza por escuchar lo que dicen las estrellas.

La ausencia de figuras parentales en los relatos remarca la celebración de una niñez sin ninguna clase de ataduras. En ese ámbito reina un panteísmo vital que se opone a la lógica y el materialismo de los adultos, que rechaza la enseñanza escolar y se interesa en el conocimiento de "cosas silenciosas y fuertes, cosas llenas de belleza y misterio". El rescate de lo salvaje y lo primitivo en la percepción del mundo, por sobre lo civilizado y lo moderno, culmina en una proyección cósmica representada, en una de las historias, por un fulgor que comprende "la luz de todos los soles y de todos los astros invisibles".

Estos cuentos se fortalecen en su unidad temática. Añoran una inocencia primigenia e incluso podría afirmarse que se funden en un mismo tono evangélico (aquel de "les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos"), lo suficientemente generoso de espíritu como para eludir las mezquindades de un hueco fundamentalismo.


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