Los que pudieron quedarse en la zona controlada por occidente tuvieron ocasión de gozar plenamente de todas las ventajas que el sistema capitalista les ofrecía. Educación, productos comerciales, comodidades tecnológicas… pero fueron los jóvenes orientales quienes tuvieron que lidiar con situaciones más que difíciles, porque tal y como narró uno de los miles que pudieron pasar a la zona occidental, “si te crías sin libertad, una vez que la consigues sabes valorarla”. Tras la rueda de prensa que Schabowski –miembro del Politburó- emitió ante toda la prensa de Alemania oriental mencionando erróneamente que la ‘Ley de Viajes’ quedaba autorizada ipso facto, miles de berlineses acudieron a los checkpoint ante la atónita mirada de los guardias soviéticos que no se atrevieron a disparar. Y es que han sido varias generaciones de jóvenes los que sufrieron los excesos de dos potencias mundiales en los coletazos de la Guerra Fría. La vida para ellos a lo largo de las casi tres décadas que el muro estuvo vigente fue diferente dependiendo de la zona donde vivían. Hoy, más de veinte años después de la desaparición del telón de acero, los jóvenes nacidos en las fechas posteriores a la caída del muro, apenas tienen constancia de las situaciones que propició esta construcción. Hoy acuden a sus respectivos centros de formación independientemente de dónde vivan y tienen un futuro ante sí sin barreras ni obstáculos construidos por el hombre en pleno apogeo de la sinrazón.
