
"- Agua, solicita.
El Grande le da de beber.
- Tengo frío.
El Grande se recuesta junto a él y lo abraza con todo su cuerpo.
-Tengo calor.
El Grande le abre la camisa, remoja su cuello y su nuca con agua fresca, y después ondea la suya propia para hacer corriente.
- Estoy sucio.
El Grande la baja los pantalones, limpia con tierra húmeda sus nalgas y lo viste de nuevo.
- Tengo miedo.
El Grande lo levanta en sus brazos, igual que haría un recién casado con su esposa, y lo mece.
- Mátame."
Hace no mucho traje Una comedia canalla afirmando que era una novela divertidísima y que me había hecho seguir al autor. Bien, pues por eso hoy traigo su segunda obra a mi estantería virtual. Hoy traigo, El niño que robó el caballo de Atila.
Dos hermanos, Grande y Pequeño, nos aparecen en un pozo excavado en la tierra. Poco más hay que decir salvo que deberán de cuidarse el uno al otro y alimentarse de... lo que pueda haber en un pozo prácticamente seco. Su vida depende de ello, y la vida de cada uno, por mala que sea.. suele ser mejor que la alternativa.
Tras leer su primer libro y ver el título del segundo, bien pudiera uno pensar que va a reírse de lo lindo con esta historia. Y no es así. Aquí, en unas ciento veinte páginas, el autor se mete de lleno en una truculenta historia de esas que tanto me gustan. Un confinamiento de difícil solución de dos niños pasándolo mal (por no decir una palabra malsonante) y cuyo final es incierto inicialmente. Sin embargo no juega al despiste de no darnos explicaciones; de hecho podemos decir que al final de la novela y aún siendo esa la peor parte de la historia, tenemos bien claro cómo llegan al pozo y cómo se resuelve la trama. La parte central es para nuestro disfrute de unas letras que pasan del diálogo justo y seco a la prosa casi lírica en la descripción.
La novela en sí nos relata las rutinas y los estados de ánimo de los dos niños; ese proceso de hambre, enfermedad, estrés e incluso locura. Estados que nos creemos porque consideramos normales en su situación. A fin de cuentas, ¿quién no se volvería loco en semejante confinamiento? Pero no le sirve a Repila una simple locura sino que la usa para plasmar ideas, símbolos que hacen pensar al lector. Ahí es donde se desdibuja el concepto de novela y aparece casi el de fábula que nos deja entrever las ideas del autor.
Pese a lo que comento de un final un poco bajo de forma, este libro no sólo demuestra el potencial de un escritor en su segunda novela, sino que ocupa un puesto entre las buenas historias por derecho propio.
Aprovechando las dos novelas del autor decidme, ¿elegís una historia que nos haga reír o preferís algo un poco más truculento?
Gracias
