Revista Cultura y Ocio

El nombre del mundo. Denis Johnson

Por Mientrasleo @MientrasleoS
El nombre del mundo. Denis Johnson
     "Yo tenía casi cincuenta años cuando se presentó la oportunidad. Al terminar mis estudios, enseñé en un colegio secundario más de una década, sumando puntos de posgraduado para mi currículo durante los veranos. Un día le escribí una carta a un candidato presidencial, aconsejándole sobre políticas y estrategias (se trataba del senador Thomas Thom, de Oklahoma; sus posibilidades se esfumaron a poco de empezar las elecciones primarias), y aunque yo no tenía idea de que a las personas que escribían semejantes cartas se les prestaba atención e incluso se les ofrecía un trabajo, en un abrir y cerrar de ojos pasé de ser míster Reed, el encargado de estudios sociales, a convertirme en Mike Reed, el escritor de discursos, el hombre todoterreno, el tipo al que podías confesarle lo que fuera en el guardarropas mientras buscabas tu abrigo."
     Denis Johnson no es uno de mis escritores favoritos y, siendo sincera, dudo que llegue a serlo. Sin embargo algo le veo a sus letras que continúo buscando sus libros como si supiera que en algún momento llegaré a tener la novela perfecta entre manos. Hoy traigo a mi estantería virtual, El nombre del mundo.
     Conocemos a Michael Reed. A lo largo de su vida ha sido profesor de secundaria y ha estado incluso al lado de un senador. Sin embargo, nosotros lo conocemos como profesor universitario adjunto sumido en la más profunda soledad. Su mujer y su hija fallecieron hace el tiempo suficiente como para que se le desdibujen sus rostros en la memoria. Le conocemos en un momento en el que su vida se convulsiona, motivado principalmente por la irrupción en ella de la violoncelista Flower, mucho más joven que él.
     Estamos ante un libro corto pero cargado de sentimientos, como ya nos tiene acostumbrados el autor. Esta vez el protagonista es un escritor y profesor que pasa de los cincuenta y vive en una suerte de stand by sin que nada le comprometa o importe mucho, desde la pérdida de su familia. Reed es un hombre al que le falta vida pese a tenerla en sus venas y eso hace que la sensación de soledad que transmite al lector sea, en algunos momentos, casi sobrecogedora. Le descubrimos roto y solitario y también, por qué no, errático, entrando y saliendo de relaciones sociales que no le exijan demasiado y conviviendo de la forma adecuada para ser uno más. Sin sobresalir. Igual que no lo hace, al menos en apariencia, la forma de contar la historia, que pasa por un tono contenido que a veces roza la indiferencia pero que esconde muchos matices que se van desatando a medida que avanzamos en la historia. Una historia en la que irrumpe la joven Flower, mezcla de mujer e hija quizás más lo que hubiera sido lo segundo con ecos de lo primero o tal vez todos los fantasmas de los seres que le faltan al protagonista, encarnados en un carácter que roza los límites y que le provocarán una desestabilidad, un terremoto mientras la narración de la historia parece permanecer inalterable. Esta mujer, de la que dije violoncelista se dedica a realizar un espectáculo sexual pseudopeligroso que dará pie al lector a pensar en el peligro que puede correr un hombre que se ha negado a la vida si se lanza a respirar el aire de esta fantasía hecha carne.

     El nombre del mundo podría parecer una novela sobre el duelo, la pérdida y el vació y desolación que dejan en quien lo sufre, pero avanza más allá de eso, por el difícil camino que se recorre una vez pasada la etapa más oscura. Tal vez por eso Johnson no puede evitar dejar un rastro de humor a lo largo de la novela, a la par que nos deja ver el filo del juego que no es tan inocente como una simple fantasía de encontrar una hija perdida. Y la capacidad que ha tenido de condensarlo todo en una novelita corta, de conseguir que el lector sienta como desciende a la soledad, la tortura, la asfixia y también la necesidad de respirar, son las cara´cterísticas más sobresalientes del libro. Un libro que, por lo demás, cumple con lo que uno espera de los libros de Johnson: un protagonista "normal" en un lugar inespecífico y la engañosa apariencia de estar ante una historia más. En los libros de Johnson siempre hay más.
     Me ha gustado El nombre del mundo, posiblemente uno de los libros del autor con los que me quedo.
     Las grandes novelas no han de tener muchas páginas, pero aún así, muchos evitan aquellas que consideran demasiado cortas. Decidme, ¿miráis con recelo los libros que son "demasiado cortos"?
     Gracias.

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