Revista América Latina

El país del regalado.

Publicado el 07 octubre 2013 por Jmartoranoster

Mariadela Linares.

Vivimos una economía distorsionada, en donde los precios de las cosas no paran de subir. Dicen que es el mercado el que determina el valor de lo que uno adquiere. Eso significa que mientras existan personas dispuestas a pagar determinada cantidad por un bien, este no dejará de incrementarse.

Sin embargo, sucede lo contrario con los servicios esenciales y nos hemos acostumbrado peligrosamente a que eso permanezca inmodificable. La lógica demanda que al bolsillo le pese más recibir el agua, el gas, la electricidad o el teléfono, que lo que se dispensa en diversión, por ejemplo. Hoy en día si una pareja va al cine, no gasta menos de 250 bolívares, chucherías incluidas. Son solo dos horas de entretenimiento. Poca gente se pone a pensar que esa misma cantidad es la que se gasta en un mes en electricidad, gas y agua en un apartamento.

Un toronto cuesta 7 bolos, una chupeta, 5; un cocosette, 12; el pan canilla está regulado a 5 bolívares pero con unos granitos de ajonjolí encima suben el precio hasta 9 por unidad. Todo el mundo paga sin chistar los aumentos. ¿Qué se puede comprar con menos de cinco bolívares? Prácticamente nada, a excepción, casi nada, de un tanque lleno de gasolina.

Las ciudades están invadidas por enormes camionetas, suerte de fetiche del nuevorriquismo venezolano. Un café grande oscila entre 16 y 18 bolívares, equivalentes a tres tanques de combustible para esos animales. Un café pequeño cuesta diez bolos, tres tanques de gasolina para un carro como el de la suscrita. Una cerveza, de 18 bolívares, equivale a un mes del líquido ese por el cual se invade países y se inician guerras.

¿Hasta cuándo vamos a seguir con el temor de sincerar el precio de los servicios básicos, incluido allí el valor de la gasolina? ¿Es que el fantasma del “Caracazo” puede transferirse a la realidad que hoy vivimos? Un litro de combustible, en Venezuela, tiene el precio de una moneda que ya no existe. Mientras en el resto del mundo se cotiza en dólares, aquí no llega a los 10 céntimos. Si el miedo es a que la oposición vuelva con su cantaleta ridícula del “paquetazo”, mayor es el costo que estamos pagándoles a ellos con su especulación. Creo que la gente entendería.

 

Mariadela Linares


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