Revista Educación

El parchís de los concejales

Por Siempreenmedio @Siempreblog

El parchís de los concejales

Montserrat Labliaga Ferrer @ Flickr. com (CC BY 2.0)

Montserrat Labliaga Ferrer @ Flickr. com (CC BY 2.0)

Este año en los gráficos electorales manda la policromía. No sé si es bueno o es malo, pero por lo menos resulta más agradable para la vista. Y ahora que comienza el juego, también lo hace más interesante.

En el rincón de las fichas azules, hay una roja camuflada. Tanto es así que sigue manteniendo su color original de mitad para abajo. Dicen que por las noches se da la vuelta y se mira al espejo, para recordar sus orígenes. Después hay otra que niega la evidencia. Jura y perjura que ella nunca ha sido ficha, que no tiene vocación de serlo y que más pronto que tarde se irá a su casa. No parece enterarse de que lleva más de veinte años aplastada. Y cierra el círculo su compañera nihilista, que a pesar de ser netamente azul se pasa el día predicando que los colores son cosa del pasado.

En el rincón de las rojas hay una ficha desteñida. Entró brillante y saturada, pero últimamente tira hacia el carmín. Las malas lenguas dicen que, dependiendo de la luz, algunos días ya es incluso rosada. A su derecha, no por casualidad, se sienta otra que modula la intensidad de su color en cada ciclo electoral. Es ver una urna y ponerse retinta, aunque en seguida se le pasa. Y finalmente hay otra que se pone azul cuando se cabrea. Es su color verdadero, pero ni ella ni sus compañeras lo saben.

En las fichas amarillas no se ponen de acuerdo. Unas dicen que su combinación natural es con los tonos cálidos. Y otras se ven mejor cuando se arriman a los fríos. Tanta esquizofrenia no les conviene, porque de tanto pintarse y despintarse se están quedando marrones. Hay una que insiste en sobornar a los dados, pero el resto de momento no se atreve.

Finalmente, y entre los recién llegados, lo de la ficha violeta es sólo una fase. Antes ya ha sido azul, roja, amarilla y verde, así que no se sabe hasta cuándo mantendrá el tono. La ficha magenta asume su soledad con resignación. Nunca nadie ha visto otra igual, así que en el fondo se pregunta si no será una mutación de la naturaleza. Menos mal que la verde, que de estas cosas de soledades sabe un rato, le insiste para que no pierda la esperanza.

En estos días cínicos, les aconsejo que hagan como yo. Pónganse las gafas de niño y pretendan que este mercado persa de las prebendas es como una partida de parchís. Es la única manera de no ganarse una úlcera.


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