
Tiene la mirada nimbada de indiferencia y desapego.
Dice el canalla amar a sus retoños con locura, pero incinera su recuerdo imborrable en una pira de odio y vesania.
Sus cuerpos inocentes de ángeles a quienes hubieran arrebatado las alas de manera prematura son el tributo que demanda el monstruo que lleva dentro.
Sus palabras, metálicas, inicuas, viles subterfugios, tienen el corazón obstruido por murallas de pedernal.
No hay emoción ni sentimiento de ausencia o dolor cuando aduce haberlos extraviado en un parque. Dice haber extraviado a sus retoños angelicales de alas arrebatadas prematuramente.
Dice su boca que los ama con locura, que los ha extraviado en un parque, pero le da lo mismo, no vibra su alma ni su corazón baldío; no hay llanto en su corazón, no veo fuego en sus palabras, sino farallones de hielo negro.
No hay espacio para el lamento ni el arrepentimiento en su alma pútrida de azabache y carbón.
El asesino de los bidones de gasolina y amor desmesurado por los niños perdidos no tiembla, no rila ni se conmueve su alma de plomo. No veo a un padre desconsolado ni atribulado, tan sólo pregona su inocencia con la perorata dolosa y anodina del un canto rodado que no persiguiera mayor gloria que la de dimanar su sonido calcáreo e iterativo.
Observo su rostro en el estrado, inerte, inanimado como una roca en el desierto, en pos de una traza de humanidad, pero solo veo un enorme vació estelar, indescifrable como el cosmos, como un poso de locura.
No hay latido ni emoción en esa lengua espuria que propala mendacidades, que manifiesta inocencia mientra anuda cada palabra a las alambradas espinadas de la falacia y la sinrazón.
DEDICO ESTE POEMA A LOS INCINERADOS ÁNGELES DE ALAS ARRANCADAS PREMATURAMENTE POR UN DEMONIO LLAMADO JOSÉ BRETÓN.
QUE DIOS LOS TENGA EN SU GLORIA.
