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El progreso

Publicado el 28 junio 2010 por Anveger

El avance, el perfeccionamiento, el mejoramiento y el adelanto es el objetivo primero de la sociedad y, conscientemente, el de muchos individuos.

Todos los individuos deliberan en su vida, aportan un beneficio a la sociedad y a la cultura con su existencia. El plexo de referencias mediadas heideggeriano aumenta de nivel cuantas más personas haya en el mundo.

Ahora bien: ¿Cuántas más personas haya, siempre habrá más progreso? Para la gran mayoría de los casos sí, pero para unos pocos no. Analicemos esos pocos con un ejemplo económico a modo de analogía. En economía, cuando existe un exceso de trabajadores, la productividad disminuye, incluso lo puede hacer la producción. Esto no solo es porque unos trabajadores se molestan físicamente entre sí –no hay espacio-, sino que el exceso de personal requiere un exceso en la calidad del talante de la dirección, puesto que, al existir más personas, se establecen más relaciones y más exigencias que deben resolverse. Por eso, cuando aumenta de nivel el equipo productivo, la dirección también debe aumentar y nivelarse o, si no, la empresa se verá derrengada.

Las grandes aglomeraciones de personas segregan problemas si no están bien regidas. La novela El señor de las moscas nos pone esto de relieve. Cuando se aumenta en cantidad, la calidad puede disminuir, sobre todo en determinados entornos.

Por tanto, cada persona debe tener un “espacio vital” que no pueda ser invadido por otras personas. Sin vedar el “espacio vital”, el aumento de personas es siempre positivo. Puede aumentar la población mundial sin que haya una aglomeración, una masificación o, lo que es lo mismo, un retroceso y un problema. El poblamiento disperso es lo idóneo.

Así que, disminuyendo la densidad de personas, y, al mismo tiempo, aumentando la población, el progreso se acelera, se multiplica. Cada persona aporta una visión al mundo, un trabajo, una acción, un grano de arena.

En definitiva, un factor clave para el progreso es el aumento organizado de la población. Este factor es el primero porque desencadena el resto de causas del progreso. Es la mano que tira la primera ficha, iniciando el efecto dominó.

Aumenta el número de personas y, consiguientemente, el número de intelectuales que idean “cambiar el mundo”, el número de científicos o tecnólogos que crean la tecnología para mejorar el aprovechamiento de los recursos. Sirva este argumento para deshacer los de los malthusianistas. La tecnología elimina la escasez de recursos, hay recursos para que haya recursos. Y, por último, los trabajadores aportan su esfuerzo para que las ideas se materialicen.

El hombre no se puede saber con certeza todo lo que puede conseguir, pero si se sabe que lo que se conseguirá mejorará, y mucho, la cultura. Dígase fusión nuclear, creación de la comida artificialmente, etc. Todo ello eliminará la pobreza en el mundo.

Después del aumento poblacional, la primera ficha al caer será la competitividad. Cuantas más personas hay, más competencia habrá, claro está. Aunque se debe aumentar el grado de competencia hasta llegar al término medio. La diversidad, por ejemplo, y la no unión[1] favorece a ello.

Observando este hecho, cabe hacernos una serie de preguntas. ¿Es bueno un Estado global o centralista? ¿Es bueno un monopolio? Obviamente, tanta unión es perjudicial para el hombre. Cuanta más división exista, más competitividad existirá y por tanto, más progreso. Ahora bien, competencia, como siempre, en su término medio; competencia, pero no competitivismo. El exceso de las guerras y el defecto de un comunismo no deben de darse, pero sí la virtud de la competición, una competición de `fair play´.

En este sentido, competitividad y progreso son sinónimos. Por eso, la liberalización de los mercados es siempre positiva, igual que la privatización. En definitiva, es siempre positivo todo lo que contribuya a la individualización. Por eso, los Estados en los que la relación entre el número de personas representadas y el número que representan a la población es menor hay más bienestar. También la tasa de representación debe aumentarse.

Observemos otro hecho. Los continentes también tienden a nivelarse. Cuando un continente sobresale los demás intentan igualarlo hasta que lo consiguen. Por eso, siempre debe de haber una meta en nuestra vida, que no muramos ni de éxito  ni de fracaso. Como decía Cervantes en El Quijote «el camino es mejor que la posada».


[1] No entiéndase aquí por no unión como desunión. Simplemente lo que se dice aquí es que cada persona tome consciencia de que es única e irrepetible, que la sociedad se convierta en individualista. La no unión es más filantrópica que la unión.

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