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El realismo de El Ilusionista de Sylvain Chomet- 2010

Publicado el 20 marzo 2011 por Pabela

El realismo de El Ilusionista de Sylvain Chomet- 2010

10/10

Quién podría negar las características de nuestra benemérita época actual donde vivimos pendientes de relojes, saturados de imágenes de videoclip, medios de comunicación y tecnología de avanzada aplicada en todos los campos; en el cine esto último viene dado, por supuesto, por el uso del 3D y el CGI. Muchos de esos avances están también al servicio indiscutible de satisfacer esa obsesión por la felicidad, el sentirse bien, pleno, satisfecho y realizado. Ahora las cosas han cambiado tanto que esa maravillosa vuelta a los casi orígenes de la animación que ya Sylvain Chomet realizara con las maravillosas trillizas de Belleville hacen que El Ilusionista termine por ser una opción para un escaso grupo de nostálgicos que nos criamos con films como Bernardo y Bianca. De hecho, en mi caso, viendo el ilusionista me sentí como cuando fui a ver al cine con apenas 6 años a ese par de ratoncitos heróicos.
Muchos ya sabrán cuánto odio eso de darle caña al espectador cuando se habla de un film; como siempre decimos: para gustos colores. Asique cuando me puse a leer comentarios de usuarios del IMDB entendí que era de esperarse que muchos pensaran que El ilusionista es un film lento, aburrido. Lo que me extrañó no obstante es que casi el 70 % de los comentarios que leí destacaba el aspecto visual y reprochaba el argumental. Y es ahí donde quisiera que todos reflexionaramos un poco, porque si hay algo que podría decirse de El Ilusionista a groso modo es que la historia es simple y hasta predecible en su mensaje: un ilusionista que se ve marginado de su oficio ante el avasallante progreso del modernismo, un hombre que termina por aferrarse a la única persona que encuentra de casualidad en el mundo que parece creer que la magia existe, bla, bla.
El film no tiene prácticamente diálogos y es tan melancólico y triste que muchos también han criticado la falta de humor y hasta el final poco
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feliz. Pero tengamos en cuenta que Jacques Tati, quien creó de primera mano la historia, lo hizo como una forma de expresar en cierta manera una autobiografía un tanto inundada por la tristeza, la melancolía y hasta la culpa. Sí, la culpa. Parece- y esto ya sería ahondar en el costado chimentero de la cosa- que Tati hubo de abandonar por presión de su hermana a su primera hija durante el perídodo de la guerra, cosa que por supuesto si uno sabe este detalle entiende mejor la cuestión que juega Alice dentro de la historia y el porqué termina como termina. En fin, si quieren enterarse un poco más de cómo afectaría esta cuestión a la historia pueden leer esta carta que escribió el sobrino nieto de Tati a Roger Ebert. Eso sí aclaro que está en inglés.
Este film no cuenta nada del otro mundo porque a mi humilde entender cuenta algo tan real como la vida misma. No lo vería como un tributo a la figura de Tati, aun cuando se le parezca tanto, porque el propio Tati no la escribió para autohomenaje
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arse. Y tampoco me interesaría demasiado verlo como una autobiografía, eso simplemente ayuda a algunas de las tantas interpretaciones que podría dársele. Lo que sí me atrajo del film es que siendo su personaje central un ilusionista, cuando el tema podría ser a simple vista el de si existe o no la magia, el film termina siendo un derroche de realismo. La película es una animación exclusivamente para los adultos. Ya hay que dejarse un poco de esperar que este género está siempre pensado para el público infantil o para el niño que todos llevamos dentro. Este film es sobre el mundo de los adultos, sobre qué tan fácilmente podríamos sentirnos fuera de lugar aun cuando nos dejaramos llevar por donde quiera el destino, como este ilusionista que termina dando shows en algún pueblito perdido de Escocia. Es un film triste y melancólico porque es un drama hecho y derecho totalmente desinteresado de vendernos la magia del asombro. El ilusionista se mete por la puerta de atrás para mostrarnos lo que se cuece detrás del espectáculo. Aquí el payaso triste está triste de verdad, del mago siempre vemos sus fullerías y hasta el público está totalmente indiferente ya.
¿Pero porqué el púb
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lico se muestra indiferente ante la magia?, ¿por qué ese niño que lo mira aburrido sabe de antemano que la copa se escondía en una manga?, ¿ por qué el pueblo escocés y la misma Alice sí se muestran encantados con la prestidigitación? El ilusionista es un film que no para de criticar tristemente una época, una forma de vida. Expresa todo el tiempo el descontento, la angustia; y todo sin entrar en comparaciones moralistas. Ese trabajo en la Boutique lo dice todo, achaca duramente en qué terminará siempre todo.
Un film sensible pero duro, que expone pero no impone. Un film realista porque no vende artificios de colores ni siquiera al final, un final que sorprende porque con un simple detalle lo dice todo. ¿Es responsabilidad del cine- como del arte en general- siempre terminar dando un mensaje de esperanza? No es el caso de El ilusionista, sépanlo de antemano.

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