Hoy quiero compartir parte de un texto que hoy he vuelto a releer. Pertenece al libro La cuna vacía: El doloroso proceso de perder un embarazo, un libro escrito por grandes profesionales y grandes personas: Mónica Álvarez, Mª Ángels Claramunt, Rosa Jové y Emilio Santos.
Este libro nos adentra en las profundidades del duelo perinatal, de la pérdida, de los sentimientos encontrados, la confusión y, como no, la femineidad.
Hoy quiero acercaros un texto que me ha puesto los pelos de punta por su hermosura.
Aprovecho para recomendar este libro, no solo a quien haya sufrido el dolor de la pérdida, del duelo, sino también para todos los que se quieran acercar a ese precipicio, para entenderlo mejor, para acompañar mejor a alguien conocido que lo haya sufrido, o por el simple placer de saber.
"Es inevitable. Tarde o temprano regresa y lo hace como si volviera a una fiesta. Nuestra amiga de la cara roja. Cada mes nos hace su visita; queramos o no, está ahí. Nos enfadamos, lloramos, pataleamos porque, una vez más, el ansiado bebé no llega. Más que nunca vivimos nuestro ciclo menstrual como una maldición, como una prueba palpable de lo mal que estamos hechas, de la mala suerte que nos persigue y de lo injusta que es la vida. Pareciera que todo lo malo que nos ocurre lo achacamos a la menstruación. Como una gran sombra en nuestra psique, depositamos en ella todo lo malo, poniendo a la vez todo lo bueno en un embarazo que ya pasó o que aún está por llegar. La gran enfermedad femenina de nuestra época es precisamente vivir la menstruación como una enfermedad. Buscamos vivir nuestras pérdidas de manera normalizada y lo más sana posible, pero todavía tenemos la cuenta pendiente de reconciliarnos con nuestro útero, que nos envía puntualmente cada mes su mensaje.
Nunca como en el siglo XX han proliferado tanto las enfermedades femeninas. Nunca como en el siglo XX (y en el XXI) hemos estado tan desligadas de la tierra, de los instintos, de las comadres. Pareciera que nuestro arquetipo más fuerte fuera la Atenea del panteón griego, diosa de la Razón y de la Ciencia, que nació de la cabeza de Zeus. También nosotras, las mujeres modernas que queremos vivir al día con los tiempos que corren, hemos desestimado el rol femenino que experimentaron nuestras madres (mujeres abnegadas que se dedicaron a sus hijos, su casa, su marido). Vivimos en un mundo de energía yang. Buscamos para nosotras aquellos valores que en su día rechazaron en los hombres nuestras antepasadas, las primeras feministas, y tenemos como modelo mujeres que corren a trabajar al poco de parir, mujeres que eligen pasar por una operación de cirugía mayor antes que sentir la fuerza y el poderío de sus cuerpos pariendo a sus hijos, mujeres que creen realmente que sus hijos están mejor con una profesional de la puericultura que pegados a su piel (o siendo alimentados con el biberón último modelo, o amaestrados para que duerman de un tirón toda la noche con el tratamiento conductista de moda).
¿Cómo han conseguido convencernos para robarnos nuestro poder más grande?. ¿Es que damos tanto miedo?.
¿Es que aprendimos a ocultar nuestro poder para no morir abrasadas en la hoguera de la incomprensión social?. ¿Merece la pena pagar precio tan alto?."
